Lis Neris Confini Bianco 2010.



Puntos El Alma del Vino … 16´50(20).

Una bodega sorprendente con unos vinos blancos repletos de estructura y expresión. Así podría definir a titulo personal las excelencias de Lis Neris, que con dos de sus tres referencias catadas me ha congratulado por encima de los quince puntos. Este vino blanco acogido a la indicación geográfica Venezia Giulia y bautizado como Confini se presenta como conjunción varietal de gewürztraminer, pinot grigio y riesling, fruta cultivada en terrenos de altiplano y composición de grava calcárea, viñas que acreditan una antigüedad de más de veinticinco años. Los responsables de Lis Neris, con el enólogo Alvaro Pecorari a la cabeza, no cruzan el límite de cuarenta y cinco hectolitros por hectárea en la producción de este vino blanco, usando además prácticas de agricultura en donde la presencia química está restringida a valores mínimos. Vendimia manual, con fermentación en bodega que tiene lugar en barricas de madera de roble francés de quinientos litros, afinando durante once meses con battonage de lías. Tras su embotellado, permanece un año adicional antes de su acceso al consumidor final. En copa parada afirma un cromatismo amarillo pajizo con reflejos dorados, brillante y limpio, deslizando en la proximidad aromática nostalgias de fruta cítrica madura, cierta melosidad, dejando en segunda instancia recuerdos florales y silvestres, monte bajo, con balsámicos de eucalipto y una nota especiada que expresa sensaciones de pimienta. Cremosa nostalgia que se enlaza con evocaciones de almendra tostada. Es uno de esos vinos que llaman a paciencia y reflexión, la primera impresión se queda corta, avanza a medida que pasan los minutos, expresando más y más.
Arranca en boca con concentración de acidez y golosas intenciones, paso amable y graso, volumen y estupenda estructura, circula con gratitud y ofrece una persistencia de alta nota. Diría que es uno de esos vinos blancos que no esconde taninos, que los muestra sin rubor. Retronasal que habla de limón y pomelo, confituras, ciruelas y manzana asada, madreselva y eucalipto, con guiños de miel de azahar y mantequilla francesa. Profuso en complejidad, la fruta prevalece y las influencias del roble francés no invaden su espacio, lo complementan. Frutos secos y notas de panadería en la finalización, prolongado. Lo califico en esta edición de añada 2010 como muy recomendable.

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