Emi Martínez Bastida Lotua Rosado de Mazuelo 2017.



Puntos El Alma del Vino ... 17(20).

Emiliano Martínez Bastida siente pasión por viñedo, uva y vino. Y eso se transmite sólo con el intercambio de nociones, ideas e ilusiones. Su proyecto es amplio, la emoción que atesora cuando habla de vitivinicultura también. La vida te lleva a encontrarte con gente a diario y en algunas ocasiones la casualidad te conduce a coincidir con personas como Emi, que me abrió las puertas de su bodega, como él dice, humilde, pero a la vez llena de proyectos. Uno de ellos es este vino rosado emocionante, que en su edición de añada 2017, seduce por un concepto franco, cargado de expresividad y con un lógico y nada endomingado avance que comienza con el descorche inicial y que finaliza justo con el último suspiro de la botella. La mazuelo, poco habitual en el mercado español, en lo que a vinos monovarietales se refiere, es un tipo de uva que aporta potencial cromático, buena concentración de azúcares y grado alcohólico. Y Lotua, rosado de mazuelo, en su edición de añada 2017 lo demuestra sin contemplaciones pero con un notable equilibrio. Porque de sus señas de identidad en cata, se sacan buenas conclusiones en una balanza de expresividad que encandila.
Primero, el cromatismo, brillante y con reflejos amplios, desde rosados cayenne a tonos frambuesa y cobrizos, en una amalgama pictórica que seduce en una calmada observación. Notas ópticas de buena concentración. En proximidad aromática recrea nostalgias de fruta roja, pero también algunos apuntes de melocotón y membrillo, recuerdos balsámicos y melosos, con señas florales ligeras y un tímido gesto que recuerda por momentos al rosado ilustre de una legendaria bodega del Barrio de la Estación de Haro, circunstancia esta que no creo sea premeditada.
Ese guiño oxidativo noble, lejos de ser molesto, por breve y puntual en el perfume, concede al vino segundos de certera complicidad con el catador, le da amplitud de fragancia y un estilo cargado de personalidad, como ya he dicho siempre dentro de un ajustado equilibrio, sin nublar la sabrosa carga de fruta. Certera complejidad en el perfume. La boca abre sabrosa, con la fruta marcando el camino, bien la línea de acidez, los gestos golosos y una suave untuosidad muy discreta redondeando las sensaciones gustativas. El punto alcohólico que se nota pero sin ser petulante, dejando siempre que la fruta madre presida la exhibición. No llega más allá y se agradece. Es intenso, llena la boca, y tiene una sustanciosa persistencia. La retronasal coincide con la fase aromática, con nostalgias de ciruelas rojas y amarillas, granada, melocotón, algún esbozo cítrico menos marcado, membrillo, flores blancas y amarillas, melosidad, balsámicos menores y kirsch.
En resumen uno de esos vinos cargados de personalidad, un proyecto que en mi opinión ya está consolidado y que en la categoría de vinos rosados tiene su más que segura aceptación en consumidores que deseen salirse de lo habitual y que busquen ideas nuevas y sobre todo homenajes sinceros a una casta que en la historia de Rioja siempre sirvió como escolta del tempranillo.
Lo califico en esta añada 2017 como muy recomendable.

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