viernes, 15 de septiembre de 2017

Domaine du Cellier des Cray La Cuvée des Gueux Blanc 2014.




Domaine du Cellier des Cray La Cuvée des Gueux Blanc 2014.

Puntos El Alma del Vino ... 18,50 (20).

Tras cerca ya de los diez años cultivando su viñedo de cinco hectáreas y media, localizado en Chignin, comuna francesa situada en la Savoie, departamento del este del país, en la región de Auvergne-Rhône-Alpes, Adrien Berlioz plantea en este vino la condición de la casta blanca jacquère, también conocida como roussette, Martin Cot Molette de Montmelian.
Hace pocas fechas publiqué en este mismo blog una entrada con otro vino portador de modo monovarietal de esta misma varietal, y tras degustar este La Cuvée des Gueux en su edición de añada 2014, vuelvo a insistir en mi sensación de estar delante de un tipo de uva blanca que formula vinos muy emparentados con los que en Rioja surgen de la casta viura. Es más, a ciegas, considero que podría llevar a una inocente confusión entre ambas.
Chignin es además de una localización geográfica, una apelación de origen, desde que en el año 1973 le fuera concedida tal condición. Cubre de modo aproximado doscientas treinta hectáreas de plantación y representa de forma mayoritaria vinos blancos, todos ellos elaborados a partir de la misma varietal, la jacquère, aunque sobre el terreno también se pueden distinguir viñas de chardonnay, aligoté y la altesse.
Un vino este que hoy planteo, de vigneron paysan, calificativo con el que Berlioz se siente muy a gusto. Tras la cosecha manual, cuando la uva llega a bodega, se procede con una inicial mesa de selección y una posterior prensa neumática, que trabaja con suavidad y obtiene el mosto, limitando al máximo el contacto del aire usando para ello incluso la atmósfera de nitrógeno. El vitivinicultor de la Savoie acostumbra, tras el proceso de fermentación alcohólica con levaduras autóctonas, a incluir en sus elaboraciones de vinos blancos también la maloláctica.
Para esta elaboración, Adrien cuenta con la ayuda y colaboración de su primo Gilles.
Investigando más a fondo las particularidades de este vino, termino por descubrir que algunos pequeños aportes complementarios de las varietales altesse y roussane, escoltan a la base mayoritaria, que como ya escribí al comienzo está formada por uvas de la jacquère. 
Se nota cierto trabajo con lías, con un battonage que aporta mayores cotas de profundidad y densidad al vino. En copa parada y tras el primer servicio, descubro un cromatismo amarillo pajizo intenso, con reflejos dorados insinuantes, nariz que se muestra intensa y en su complejidad va de menos a más. Resume nostalgias cítricas con un guiño de confitura muy fino, ciruelas claudia y peras, brisa de membrillo, con flores blancas y amarillas que llenan el espacio del segundo plano, abriendo en el centro de la fragancia una ventana a un aire balsámico y silvestre, ortiga, resinas y mentoles. En una segunda aproximación surgen recuerdos adicionales de té, madreselva, hierbas aromáticas, con los descriptores frutales alzados en su bendito afan de protagonismo.
Boca fina en el arranque, a medida que se produce su avance va soltando virtudes, con una buena traza de acidez, sabroso, hace salivar, con un tono untuoso, declarando cremosidad, alcanza el paladar con un movimiento preciso, sin estridencias. Magnífica persistencia, con un hilo fino en donde la fruta se deja escoltar por el eje balsámico y por notas silvestres y de flora. La infusión de té bien presente en la fase retronasal. Me encanta por su estructura, su volumen y por la frescura que despliega. Buen alcance final. 


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