martes, 18 de julio de 2017

Champagne Laherte Frères Rosé de Meunier Extra Brut.





De los pieds de cochon á la Sainte-Menehould que según cuentan las crónicas el rey de Francia Luis XVI saboreó con gula en plena huida de París, buscando junto a su familia una salida al Rhin, y que al parecer motivaron que un postillón de agudo poder fisonómico le delatará tras reconocerle comiendo con aparatosidad las extremidades inferiores porcinas preparadas deshuesadas, empanadas y doradas al horno con mantequilla por un diestro mesonero de la localidad de Varennes, a los pies de cerdo, manos de ministro según un bautismo castellano más reciente y malintencionado, que hace pocos días pude degustar sin compañías alrededor, distan tantos años como manejos culinarios.
No cuentan las crónicas si aquel rey francés, que tuvo que purgar culpas en plena revolución ajusticiado por la sangrienta guillotina y que estuvo casado con la prolífica en muchos sentidos María Antonieta, armonizó su manjar del día con algún vino de la zona ó si lo hizo con algún fastuoso champaña, aunque lo cierto es que si lo relatado es cierto y no leyenda, probablemente fueran aquellos pieds de cochon la ultima serpentina gastronómica en la vida del monarca.
En mi caso, seleccioné este champaña rosado de la maison Laherte Fréres, un espumoso monovarietal de la casta Pinot Meunier, fruta vendimiada en parcelas propiedad del dominio localizadas en los municipios de Chavot y Vallée de Marne y que toman asiento en suelos de
composición arcillo calcáreo y con presencia de sílex. Fermentación alcohólica en bodega que tiene lugar en depósitos, barricas y foudres, respondiendo al perfil de rosé d´assemblage y formando su empaque con un treinta por ciento de vino rosado de maceración, un diez por ciento de vino tinto y un sesenta de vino blanco, de cuyo porcentual el cuarenta pertenece a vinos de reserva madurados en barrica. Incluye maloláctica parcial y crianza sobre lías durante un periodo de seis meses. El nivel de dosage es de dos gramos y medio por litro, siendo su fecha de degüello el mes de octubre de 2015.
En copa parada manifiesta una cromática rosa intensa y brillante, con reflejos asalmonados, cobrizos y más insinuantes piel de cebolla, buena presencia de burbuja fina, rosario regular, nariz que anuncia recuerdos de fruta roja madura, guiño cítrico y de fruta blanca con hueso, algunas flores rojas en segunda instancia, fondo balsámico y algunos brotes de hierbas aromáticas algo difusas, frutos secos y menos descriptores aromáticos engarzados con levaduras, que si bien están presentes no alcanzan la influencia e intensidad del resto. Entrada en boca con frescura, la burbuja bien integrada, untuoso en el paso, amplio en la difusión, desliza buenos lineales de fruta con una sensación de acidez bien perfilada. Alcance y llegada al final, persistente, sostenido. La retronasal habla de cerezas, ciruelas rojas, melocotón de viña, con señas de naranja en confitura y algunas rosas rojas que se dejan
acompañar por camomila y brezo, abriendo a continuación esbozos balsámicos y un gesto de panadería y frutos secos ligeramente tostados. Tiene en la retaguardia una sorpresa especiada exclusiva de esta fase de la cata y que en la vía olfativa no había presenciado. Finaliza con salina mineralidad y la fruta alzada en primer plano, sabrosa y golosa.
En la terraza de casa, con el Norte de Haro soplando por fin, después de varios días de somnolencia, dos copas de este champaña rosa de Laherte Frères edulcoraron, matizaron y afianzaron mis impresiones golosas nacidas desde la pincelada gastronómica de unos pies de cerdo guisados a la riojana, con un punto picante no excesivo, incapaz de romper la personalidad del espumoso.
Una armonía elogiable, digna de reyes franceses y de plebeyos revolucionarios, que si algo consigue una buena mesa y un buen vino es unir a la humanidad con independencia de su condición.
Califico este champagne como muy recomendable.
Y recomiendo su consumo con todas las variantes posibles que sobre un plato puede facilitarnos el simpático animal de numerosos apelativos.
Champaña y marrano van de la mano.






No hay comentarios:

Publicar un comentario