lunes, 26 de junio de 2017

Raúl Pérez Viticultor La Clave 2013.



Tratar con los hijos e hijas de Raúl Pérez es simple descubrimiento, un hechizo maravilloso en donde el clima, la tierra, el suelo y las variedades aportan expresión, estructura, personalidad, carácter y una especie de cata telúrica, en donde la geobiología queda reflejada con distinción y un sabroso perfil para nada esnobista ó imaginario, antes bien rústico pero muy emotivo.
A mi ya me sobran esos individuos que con una copa en la mano y la botella enfrente son incapaces de valorar el producto, su elaboración y los raíles distintivos e identitarios por donde circula el tren en ese momento en el que el vino surge desde el interior de la copa, traspasando el umbral de los labios y motivando los sentidos. Alcanzar ese escenario no es cuestión de discursos, de puntuaciones más ó menos elevadas, de lecturas de tratados sobre ampelografía, de cursos de cata más ó menos tamizados por elocuentes conductores y literarias artimañas. Que si algo ha aprendido uno, después de catar más de dos mil quinientas referencias al año, es que en esto del vino la personalidad, la excelencia de un vino se descubre en pocos segundos, casi en el mismo tiempo que dura encender la luz, apretando un interruptor. No hay secretos, descorchar y catar, hacerlo con pocas pistas, enlazando con el interior de la copa con nudista mentalidad, sin preámbulos ni juicios basados en una etiqueta.
Desde luego y sin que sea lo único a esgrimir más sentido intuitivo y menos dogmático.
En verdad esto del vino no es algo grandilocuente, estirado, difícil, pero por desgracia quienes más lo anuncian, tal vez lo hagan por intereses poco honestos.
Mencía y garnacha forman el alma de este La Clave, fruta berciana que se vendimia de modo manual y que ya en bodega es manejada con tiento siguiendo los cauces tradicionales de vinificación, fermentación alcohólica en depósitos de acero inoxidable, controlando la temperatura y continuando con una maduración en barricas de madera de roble francés que se prolonga durante doce meses.
Tras el descorche, en copa parada afirma un cromatismo picota de notable intensidad, con reflejos púrpura e incipientes grana, promociona en la cercanía olfativa nostalgias amplias de fruta roja en sazón, créditos en segunda instancia que reflejan memorias silvestres y balsámicas, acogida central de  almendra tostada muy suave y en el final retornos de salina mineralidad.
Boca afectiva, abre jugosa, bien equilibrada, estructura afianzada y volumen, asomando frescura y una buena linea de acidez. Emulsión en el paladar, con la fruta alzada en primer plano, acreditando unos taninos golosos y afinados, hay algunas señas de certera rusticidad, pero por encima de todo esa singularidad expresiva basada en la grandeza identitaria y zonal con la que Raúl Pérez sabe premiarnos. La fase retronasal habla de ciruelas rojas y cerezas, alguna punta cítrica suavemente confitada, hierbas aromáticas y regaliz, abriendo en el epílogo notas de terruño, amplia expresión mineral. Buena prolongación final.
En esta fase se notan menos los descriptores tostados en comparación con los créditos de la vía aromática. Lo califico en esta añada 2013 como muy recomendable.



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