domingo, 25 de junio de 2017

Rafael Cambra Soplo 2013.




Rafael Cambra valora el corazón por encima de cualquier otro elemento. En su carta de presentación asegura que la tierra, como la viña, necesitan de mucho amor para crecer de una cierta manera. Labor emocional para este hombre de vino que cuenta a su disposición con veinticinco hectáreas de viñedo, variando la composición de los suelos en función de cada cultivo varietal, arcillo calcáreos para la monastrell, y arenosos y pedregosos en lo que se refiere a las dos cabernet.
La Toscana valenciana, así definida y contemplada por Cambra, con influencias climatológicas mediterráneas e influencia continental, intervención mínima en el viñedo dentro de un planteamiento personal de respeto a la identidad del fruto y a la expresión de una zona, a la que el enólogo llegó tras un paso laboral de aprendizaje por la denominación de origen Rioja, en donde tuvo como maestros, entre otros, a Chus Madrazo y a la familia López de Heredia. 
Soplo en la edición de vendimia 2013 expresa la personalidad de una garnacha cultivada en terrazas con suaves pendientes, cuatro hectáreas de extensión, cepas jóvenes que se asientan en suelos de componente franco arenoso, aluvial en superficie.
Vendimia manual, que conduce los frutos a bodega, en donde se sigue un vinificado que incluye fermentación alcohólica en depósitos de acero inoxidable pequeños, usando un diez por ciento de la uva con raspón y realizando cortos remontados. Macerado durante doce jornadas manteniendo una temperatura constante y llevando a buen término una maduración en barricas de roble francés y depósitos de hormigón, que se prolonga durante cuatro meses.
En copa parada pincela tonalidades picota de buena intensidad, con reflejos púrpura, estética limpia y brillante, amaneciendo en nariz con nostalgias de fruta roja en sazón, registros florales, guiño de piel de naranja, notas balsámicas casi musicales que se afianzan tras evocaciones de regaliz, más lejanas muecas de hinojos y epílogo aromático que aparece exhibiendo algunos principios de mineralidad.
Arranca en boca con ancho campo, traza lineal de acidez, frescura y cierta dosis envolvente, con los taninos amables y golosos, ensalzado el vino en su cuenca de persistencia. La retronasal habla de cerezas, ciruelas rojas, cítrica naranja suavemente confitada, florales retornos en segunda instancia, de nuevo los apuntes balsámicos que perfilan las memorias frutales y un final en donde encuentro largura de expresión y algunas sensaciones salinas que prolongan la personalidad del vino.
Lo califico en esta añada 2013 como muy recomendable.

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