lunes, 12 de junio de 2017

Loxarel Vitivinicultors Petit Arnau de Loxarel Rosat 2016.




Tras Loxarel está la pasión de Josep Mitjans, algo así como un Mozart de las elaboraciones vitivinícolas, tanto es así que con sólo dieciséis años ya tenía en su haber mil botellas de cava. Tras estudiar enología y siguiendo una estela familiar relacionada directamente con el viñedo, registra en el año 1987 la marca que hoy da vida a sus creaciones y centra gran parte de su pasión en la reivindicación de la variedad xarel.lo.
En el presente y con referencias como la que ocupa el protagonismo de esta entrada de mi blog, elaborada con fruta surgida de prácticas de agricultura biodinámica y ecológica en el campo y vendimiada en cepas que se localizan en el Alto Penedés, a una altitud de quinientos metros sobre el nivel del mar, la condición de Loxarel refleja en la copa la virtud de los vinos francos, cercanos, sin estridencias. Hay un ferviente guiño salino en este rosat, lozano y divertido, chispeante y refrescante pero nunca desde la vulgaridad, sí desde ese plano que algunos tanto defendemos frente a las aberrantes demostraciones farsantes que pueblan algunas barras de nuestros bares y restaurantes de edulcorantes excesos y disparatados aromas y colores. Petit Arnau en su edición de cosecha 2016 resulta reconfortante, acreditando una larga maceración antes del fermentado alcohólico, que se lleva a buen término en frío y con presencia de las pieles. Comunidad varietal de merlot y pinot noir, que expresa en copa parada una cromática rosa fresa brillante, reflejos de intensidad que enlazan con tonos rubí y coralinos, nariz amplia en recuerdos de frutos rojos maduros, señas cítricas en segunda instancia que abren paso a notas florales y silvestres, con un fondo de fragancia balsámico y una seña final en donde recojo apuntes salinos.
Boca sabrosa en la entrada, paso que tras una golosa seña de fruta ampara detalles que parecen llegar del mar, ó tal vez de un manantial de aguas medicinales, despliega trazas firmes de frescura, longitudinal en su expresión, sustancioso y con algunas notas untuosas. Persistencia apreciable y en la vía retronasal memorias de fresas de mata, cerezas, melocotón de viña y gestos incipientes de confitura, dejando para el centro de sensaciones un apéndice floral que habla de naturaleza y en el epílogo junto a destellos sápidos, una sensación salina que tiene un indudable encanto aportando al vino mucha personalidad.
Lo califico en esta añada 2016 como muy recomendable.

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