viernes, 23 de junio de 2017

Bodegas Altún Albiker Maceración Carbónica 2016.




Elaboración con una base mayoritaria de la variedad tempranillo, añadiendo como era menester en el pasado y entre los recios hombres de campo de Rioja, un aporte menor y complementario de la perla blanca de la denominación, la viura. La fermentación de uva entera presente, con fruta procedente de fincas localizadas en los términos municipales de San Vicente de la Sonsierra, Baños de Ebro, Laguardia y Elciego, terrenos propiedad de Bodegas Altún y de su principal defensor, José Antonio Martínez.
Nunca me cansaré de reivindicar el concepto de maceración carbónica, un tesoro de la vitivinicultura de Rioja, deficitario en cuanto a los métodos de marketing y despreciado por muchos por simple ignorancia. Uno de los lastres de nuestra querida España consiste precisamente en no saber valorar nuestras virtudes, materiales e inmateriales, y los vinos de maceración carbónica forman parte de ese defecto, sobre todo conociendo la muy cercana en lo geográfico, imagen eterna y legendaria de los Beaujolais, pertenecientes a una Francia en donde négociants como por ejemplo Georges Duboeuf, lograron niveles comerciales apoteósicos gracias al poder de la imaginación, aunque en el conjunto de su leyenda existieran también lagunas negras. Me llama siempre la atención que en ciudades con tradición de consumo vinícola no exista un grado para estas elaboraciones, para unos vinos que son de consumo fácil y amable, que expresan frescura y una chispeante lozanía.
Todos los perfiles de vino tienen un espacio, un lugar al cabo del día y la noche en donde ser referentes, en solitario ó armonizados. Para mi gusto, desde luego las maceraciones carbónicas no representan una excepción.
En copa parada exhibe un cromatismo picota intenso, con reflejos violáceos, nariz en donde abundan recuerdos de fruta roja y negra en sazón, segunda instancia que recrea flores rojas y violetas, guiños silvestres muy finos, con un fondo balsámico y un lecho cremoso que memora mousse, este más lejano, sutil y que colabora en ensalzar la personalidad de la fruta madre.
La boca abre jugosa, enlazada una traza de frescura que se prolonga y que va apuntando en el avance explosión de fruta, con equilibrio y ese gozo dulzón que tanto encandila. Goloso, amable y llegando con credenciales hasta el final, abunda en la vía retronasal en evocaciones de fresas, cerezas y moras, pétalos de flores rojas y violetas, regaliz y algunas memorias menores de mousse de fresa.
Buen representante de los vinos de fermentación de uva entera, que califico en esta añada 2016 como muy recomendable.





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