viernes, 9 de junio de 2017

Bodega Dominio de Tares Tombú 2016.




La prieto picudo leonesa sugerida con indudables señas de elegancia en clave de vino rosado por esta bodega localizada en el municipio de San Román de Bembibre, bajo los patrones profesionales del enólogo Rafael Somonte y con la bandera de la denominación de origen Vino de la Tierra de Castilla y León. Elaborado con una selección parcelaria en la comarca de Pajares de los Oteros, el vino de Pajares quita pesares; procede de una cosecha manual del fruto que le da vida, fermentando con levaduras indígenas en depósitos de acero inoxidable, después de un suave prensado sin mediar proceso de maceración. Las uvas de prieto picudo se obtienen de cepas influenciadas por un clima continental seco, asentadas en suelos que en su mayoría acreditan un componente arcillo calizo, con presencial de materia aluvial, siendo la altitud media de la plantación de ochocientos cincuenta metros sobre el nivel del mar. Antes del embotellado, permanece en los depósitos durante cinco meses sin proceder a removidos de lías y con dos trasiegas.
En copa parada surgen tonalidades rosa fresa brillante, con algunos reflejos cobrizos y asalmonados, la proximidad aromática recrea nostalgias de frutas rojas, arropes, aportando en segunda instancia memorias de flores, nota cremosa antes de los centrales aires balsámicos, matiza hacia el final del perfume esencias silvestres que redondean la fragancia y acompañan a la siempre presente fruta. Buena y equilibrada complejidad, con la boca abriendo con jugosas sensaciones expresivas, algunos lances que me hablan de salinidad en el paso, con buen despliegue de acidez, intenso en las formas y apacible al mismo tiempo, untuoso en clave de media intención, anotando buen alcance y llegada, ritmo sostenido. Hay algunas señas salpimentadas en el alcance del paladar, con buena nota de persistencia, hablando en la vía retronasal de evocaciones a fresas, cerezas, grosellas, granada y frambuesas, marcando en segundo plano retornos florales rojos y una menor marca láctica, que deja paso a nostalgias anisadas finas y a un detalle silvestre, ya mencionado en mi descripción aromática.
Una buena expresión de prieto picudo no exenta de algunas notas licorosas bien integradas.
Lo califico en esta edición de vendimia 2016 como muy recomendable.

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