miércoles, 31 de mayo de 2017

Viñas de Piedrahita 760 Sin Sulfitos Añadidos Cosecha 2015.




Dicen los viejos del lugar que las uvas de Villalba de Rioja tienen un porte especial, de hecho el viñedo de esta zona occidental de Rioja Alta tiene fama de ser junto al de la Sonsierra, uno de los niños bonitos de la denominación de origen de los siete valles.
Los majuelos singulares de la ladera sur de los Montes Obarenes y en este caso la benemérita contribución de uno de ellos, la finca El Escaño de Atamauri, propiedad de Nuria Martinez y trabajada con especial cuidado y detalle por su hermano Gonzalo, se convierten en auténticos templos de la casta tempranillo de Rioja, tal y como ya afirmó en cierta ocasión el gran maestro Manuel Ruiz Hernández, ingeniero agrícola, experto en suelos, incansable investigador y magnífico catador. Suelo, clima y viníferas, no hay criterio más cierto.
Viñas de Piedrahita, proyecto familiar que corre a cuenta de Belén y Curro, elabora este vino tinto en base a un componente varietal mayoritario de tempranillo de Villalba, fruta vendimiada en modo manual en la finca descrita, donde por cierto aún se conservan algunos restos del que fuera poblado de Atamauri, deshabitado en el siglo diecinueve. Como ajustes complementarios se utilizan uvas de la finca La Experimental, localizada en el término municipal de Ollauri, aldea de Cuzcurritilla; correspondientes a las variedades graciano, garnacha y mazuelo.
Tras la vendimia manual de los frutos de tempranillo, se procede ya en bodega con un despalillado y encubado sin estrujar. No se realizan añadidos, dejando que las uvas evolucionen con sus propias levaduras. A los pocos días se completa con el resto de la fruta de las otras variedades ya mencionadas, continuando con la fermentación alcohólica, proceso en el que median bazuqueos diarios realizados de modo manual, prolongando esta fase durante un periodo de treinta y tres jornadas. Posterior permanencia en barricas grandes y usadas, en contacto con sus lías, lenta maduración de diez meses, sin empleo de bombas, moviendo el vino por gravedad. Transcurrido ese tiempo, se separan las lías y se acomete el embotellado. Afinado en botella durante un periodo de entre siete y ocho meses, antes de salir al mercado.
Es un vino sin sulfitos, cumpliendo la normativa al respecto, que incluye en esta categoría aquellos vinos que tienen menos de diez miligramos por litro de anhídrido sulfuroso, filosofía que Viñas de Piedrahita mantiene con mezcla de pasión y orgullo, y que también contempla en su Amice Masatrigos, garnacha que ya caté en el pasado y sobre la que escribí en este mismo blog, http://almavinocuatre.blogspot.com.es/2015/02/vinas-de-piedrahita-amice-masatrigos.html
En copa parada presenta una cromática picota de notable intensidad, con reflejos púrpura, nariz en donde surgen nostalgias de fruta roja, mayoritaria, en sazón, a medida que aireamos la copa, nacen también algunos recuerdos de fruta negra aunque en menor medida de expresión. Es un vino que en su aromática tiene un perfil muy de progresión, merece la gloria catarlo con paciencia. Tanto es así que tras de un comienzo en el que parece ser la fruta la principal protagonista, con algunos invitados procedentes de la influencia del roble, el interior de la copa se va armando con descriptores florales, balsámicos y algunos guiños especiados dulces y tostados finos. Se incorporan gestos licorosos y anisados, con la fruta siempre en primer término.
Equilibrada complejidad que me lleva hasta la entrada en boca, apacible y con buen despliegue de acidez, contenida pero larga, señas de frescura y calidez que se conjuntan y que alcanzan el paladar, como si fuera un tiralíneas. Volumen y buena condición de estructura, con los taninos golosos y pulidos, diría que tiene los ingredientes justos de elegancia y rusticidad, capaces de gestionar un buen recreo de fruta en las papilas del catador. Amable y rollizo, plantea una buena nota de persistencia. La tempranillo expresa su condición, sin endomingadas glosas, pero certera y firme, con músculo.
Retronasal que abunda en evocaciones de cerezas, ciruelas rojas y alguna mora, con pétalos florales rojos en segundo plano y un eje gustativo balsámico, muecas licorosas afinadas y un lecho cremoso que desenfunda la gentil espada del roble, vainilla, pimienta y un fondo torrefacto que prolonga su expresión. Buena sapidez final con la seña de la fruta siempre dirigiendo la orquesta.
Un vino que, sin lugar a dudas, lleva el sello de identidad Rioja por los cuatro costados.
Lo califico en esta añada 2015 como muy recomendable.


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