domingo, 21 de mayo de 2017

Celler de Capçanes Lasendal Barrica 2013.




De nuevo es la historia de un grupo de familias viticultoras que se unen en aras de la supervivencia y de mejores logros que los alcanzados por cauces individuales, la que da vida a Celler de Capçanes. Año de fundación que data de 1933. Hasta 1991 no se embotellan los primeros vinos madurados en barricas, y es cuatro años más tarde cuando una encomienda de la comunidad judía de Barcelona, que solicita a esta bodega la elaboración de un vino que siga el método Lo Mebushal en su perfil, vino Kosher; lleva a los responsables del dominio a ampliar sus instalaciones, obligados por las circunstancias que rodean a tal demanda. Nace así el legendario Flor de Primavera, que se convierte en un referente internacional para la comunidad judía. Tan sólo representa un cinco por ciento de su producción, pero esa pequeña llama de prestigio, da a Celler de Capçanes un enorme prestigio.
Es a partir de la edición de añada 1996 cuando surgen los cambios en la bodega, iniciando un proceso de renovación que incluye una financiación bancaria, a través de un préstamo que va avalado por cada uno de los cooperativistas, siempre en función de la proporción de fruta que aportan al conjunto. Bajo la guía profesional del gerente, Marcel Ferré, el proyecto en común de varias familias obtiene un nuevo brillo. Con el aliento y los criterios enológicos de Anna Rovira, salen al mercado vinos como este Lasendal Barrica 2013, que hoy ocupa el protagonismo principal de mi blog.
Su alma está forjada a partir de una conjunción varietal en donde predomina la uva garnacha, con aportes complementarios de syrah y merlot, fruta que procede de vendimias en cepas que en el caso de la garnacha acreditan una edad media de entre quince y cuarenta años, localizadas en terrazas que se asientan en suelos de composición arcillosa y granítica.
Cuando los racimos llegan a bodega se trata cada variedad por separado, con fermentación alcohólica en depósitos de acero inoxidable, mediando el preceptivo control de temperatura y procediendo con una maceración que oscila entre las ocho y doce jornadas. Maloláctica que comienza en acero inoxidable y finaliza en barricas de madera de roble.
Finaliza con una maduración de nueve meses en barricas de madera de roble americano y francés de doscientos veintiocho litros, tostado medio y suave.
En copa parada afirma un cromatismo picota de notable intensidad, con reflejos púrpura, nariz recibiendo nostalgias de fruta roja madura, miga panadera, con tostados ligeros y un frente balsámico que redondea la fragancia. Franco, con algunos destellos silvestres menores en segundo plano, sin excesos de complejidad, pero atestiguando una predominante brisa de fruta que le aporta brillantez. Boca que abre serena, que va de menos a más, abriendo una linea de acidez prolongada y guiños de frescura. Equilibrado y sedoso, amable en su caminar. Taninos golosos y pulidos, buena persistencia, la retronasal formula retornos de cerezas, ciruelas rojas, almendra tostada, alguna panadería, aquí menor que en la fase olfativa; centrando en notas de regaliz y fondo pleno de fruta y sapidez.
Epílogo con un punto muy suave de sugerente amargor que redondea su capacidad expresiva.
Lo califico en esta añada 2013 como muy recomendable.

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