miércoles, 17 de mayo de 2017

Bodegas San Alejandro Viñas de Miedes Rosado Garnacha 2016.




Hay infinidad de formas de construir una etiqueta y su correspondiente contra, en este mundo del vino. Las hay de todo tipo y color, con mensajes estériles y fructíferos, literatura gratuita y ansias de informar. Esta bodega aragonesa, localizada en el municipio zaragozano de Miedes de Aragón, logra dar a su contraetiqueta un valor añadido que personalmente quiero destacar.
Para ello incorporo a mi texto en esta entrada del blog, el mensaje que los responsables de esta bodega, capitaneada por su gerente, Yolanda Diaz Méndez, aportan al conocimiento de sus clientes y por ende a todos aquellos que amamos la cultura vitivinícola.
La vid es una planta con flores simples hermafroditas. Su formación se realiza dentro de las yemas fértiles desarrolladas el año anterior, por eso se dice que las yemas son los órganos que aseguran la renovación y perpetuidad de la vid. Cada flor será un grano de uva.
Información que no va prendida del papel por simple orgullo literario, en el mensaje se incluye una breve lección de campo y viña, que a mi al menos, me encanta.
Dicho lo cual, procedo a comentar mis impresiones sobre este vino rosado en edición de añada 2016, que se elabora con uvas de la casta garnacha vendimiadas en zonas de montañas localizadas a una altitud media de entre seiscientos y ochocientos metros, viñas asentadas en suelos de componente arcilloso calcáreo. Influencia climatológica continental en cepas que acreditan una edad media que oscila entre los diez y treinta años. Con la llegada de la fruta a bodega, se procede con una pre maceración que se prolonga durante diez a quince horas, iniciando después una fermentación alcohólica que tiene lugar en depósitos de acero inoxidable, controlando la temperatura, proceso este que se extiende durante diez días.
En copa parada afirma una cromática rosa frambuesa, con reflejos coralinos, buen brillo. Nariz que recibe recuerdos plenos de frutos rojos maduros, guiño cítrico suave y un perímetro aromático que deja muecas silvestres y balsámicas, con nostalgias anisadas y de hierbas aromáticas.
Boca golosa, eficiente en el paso, con equilibrio entre las señas golosas y ácidas, alcance y llegada con alguna sensación de untuosidad, aunque en menor escala. La fruta roja y los guiños cítricos se adueñan del paladar, con una retronasal que prolonga estos descriptores, con cerezas, grosellas, naranja y un más lejano albaricoque, anunciando en la continuidad evocaciones de hinojos, ortiga blanca y una suave nota de sapidez que le da longitud.
Lo califico en esta añada 2016 entre recomendable y muy recomendable.

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