domingo, 28 de mayo de 2017

Bodegas Muga Flor de Muga Rosado 2016.




Dos puntos en común desde un plano puramente sentimental con esta nueva referencia de Bodegas Muga. Una de mis abuelas, en concreto la catalana, nacida en Ripoll, también se llamaba Aurora. Y para su hijo, mi difunto padre Juan, la flor de cerezo japonés y por añadidura el árbol y sus frutos eran en perfecta comunión vegetativa algo más que un simple elemento decorativo de jardín. De hecho en nuestra antigua casa de Haro teníamos dos ejemplares de Sakura, que él mimaba con especial cariño.
Leyendo la contra etiqueta de este vino recién salido al mercado desde el corazón mismo del Barrio de la Estación de Haro, me han llegado recuerdos íntimos que no podía dejar pasar de largo.
A priori, otro de los condicionantes que me atraen de este vino rosado es su perfil de monovarietal de la casta garnacha, ya que después de catar muchos vinos de este tipo, es esta uva sin lugar a dudas la que más me gusta para darles vida, algo por encima de otra, la trepat, que también me enamora.
En Muga realizan una selección parcelaria en primer término, garnachas viejas de entre setenta y noventa años, cepas que se encuentran localizadas a una altitud de entre seiscientos y setecientos cincuenta metros sobre el nivel del mar, con dos categorías definidas de suelo, arcillo ferroso y arcillo calcáreo. Tras la vendimia manual se procede en bodega con la obtención del mosto flor, mediando una breve maceración de la que se aprovecha solamente el cincuenta por ciento. Fermentación posterior en pequeños depósitos de madera, controlando la temperatura, siguiendo criterios individuales en función de cada parcela. A tal fin los depósitos utilizados acreditan una capacidad de quinientos y mil litros. Finalizado este proceso, se realizan trabajos con las lías durante un periodo de cuatro meses, acabando con el ensamblaje, una estabilización y el paso a botella.
En copa parada ofrece una cromática rosa pálido suave y brillante, con reflejos piel de cebolla y ligeros cobrizos. Nariz que expresa recuerdos de fruta roja de mata en sazón, melocotón de viña, fruta de la granada y un guiño muy fino de fondo que evoca arrope de naranja. Segunda escena floral, con memorias de pétalos de rosas rojas, sensación balsámica en el perímetro, con gestos de cierta salinidad final. Buena frescura aromática, equilibrada.
La boca es suave en los modos, pero intensa en cuanto al concepto frutal, despliega una buena traza de acidez, siempre con ese guiño salino escoltando el paso. Frescura y algún cauce cremoso, sin duda como fruto de la influencia que ejerce el trabajo con las lías. Retronasal en donde insisten los descriptores de fresas de mata, melocotón, granada y el punto cítrico propio de la garnacha entre bambalinas. Flores en la continuidad, eje anisado muy suave y en el epílogo un contraste de mineralidad que ensalza su capacidad de expresión.
Una buena novedad de Bodegas Muga que en esta edición de añada 2016, ópera prima, califico entre muy recomendable y más que muy recomendable.


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