domingo, 7 de mayo de 2017

Bodegas Muga Eneas Maceración Carbónica 2016.





Un lujo haber catado esta referencia en su edición de añada 2016 justo antes de salir al mercado, cuando aún su residencia era el depósito. Gracias a Manuel Muga Peña, la tan sabrosa y tradicional explosión de fruta que plantea el Eneas me llegó en lo que se refiere a esta vendimia antes de divisar el etiquetado correspondiente. Circunstancia que desde luego aprovecho no sólo para referir y apreciar, sino también para agradecer. Nunca dejaré de decirlo, quienes me conocen de cerca ya lo saben de sobra, el Eneas, con las lógicas repercusiones de los agentes externos que influyen en cada cosecha, es uno de mis vinos de cabecera. Y lo es, porque primero aprecio las maceraciones carbónicas con indisimulado entusiasmo, y segundo porque junto con alguna otra referencia de Rioja que también manifiesta esa explosión sincera de fruta, Eneas es un franco icono de la denominada fermentación de uva entera, la misma que lleva a un fermentado de la uva con el mosto en su interior.
Estoy muy seguro de que tanto Pasteur como Michel Flancy hubiesen disfrutado, como yo lo hago, con una copa de Eneas delante.
La tempranillo sabrosa, rotunda, con esos guiños que exploran los descriptores de fruta roja y negra, lo que algunos catadores llaman frutos del bosque, frescos arropes, gestos florales violetas y rojos en segunda instancia, perímetro balsámico intenso, redonda continuidad aromática, largo e intenso, incluso en esta añada un punto que me ha evocado tinta china, sensación esta que se hace más protagonista en la posterior retronasal. Y es que en este Eneas 2016 he recibido testigos gustativos de eso tan complejo que yo denomino mineralidad, y que según algunos puristas vehementes, ni existe ni se le espera. En la copa diviso una cortina apicotada intensa, con recreos y reflejos violáceos, malvas, óptica densa. Boca sabrosa, con esa ya mencionada explosión de fruta por todos los costados, como si fuera un bombón relleno, una orgullosa estampida en donde arándanos, fresas, moras, frambuesas, ciruelas negras, calafates, murta y maquis, arropes frescos, protagonizan el espectáculo. Largo y con alcance, con una buena condición de frescura, equilibrado y con una tanicidad, tal y como corresponde a los vinos elaborados mediando maceración carbónica, de menor escala. Ducha de fruta incontestable en el alcance del paladar, anchura y sapidez.
Junto a la galería de frutos, de arropes y zumos, se unen destellos florales, balsámicos, regaliz, y en en el epílogo de la retronasal las ya mencionadas evocaciones negras, muy sugerentes, memorando tinta china y alguna salinidad menor.
Inmenso, lo califico en esta añada 2016 entre muy recomendable y más que muy recomendable.

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