viernes, 21 de abril de 2017

Ostatu Editora de Vinos Laderas de Ostatu 2011.





Siempre me encanta armonizar algunos de los vinos que cato. De hecho en el pasado existe en este mismo blog una entrada que hermanaba Laderas de Ostatu 2008 con un buen plato de lentejas procedentes de métodos de cultivo ecológico. En esta ocasión la edición de añada 2011 del Laderas de Ostatu tuvo de acompañante a un arroz de pescado de personal manufactura, sabor y genio.
Esta referencia de la bodega que dirige la familia Sáenz de Samaniego refleja siempre una bendita personalidad propia, en la que la fruta protagoniza el disfrute, con unos parámetros de golosas maneras que resultan dignas de aplauso y admiración. Uno de los valores seguros de Ostatu que se elabora mediante una conjunción varietal, en donde la tempranillo resulta base mayoritaria, con un aporte adicional de viura en cantidad del tres porcentual. Fruta procedente de la parcela, propiedad del dominio, denominada El Portillo, que se encuentra ubicada a una altitud de seiscientos veinte metros sobre el nivel del mar, asentada en suelos de componente arcillo calcáreo, y roca blanca en el subsuelo. Viñas dispuestas en laderas, orientadas al sur y bajo la protección de pequeñas cumbres que las rodean. Se trata de un viñedo que acredita una fecha de plantación que se remonta al año 1967, con una densidad de tres mil cepas por hectárea y una producción de poco más de cuatro mil quinientos kilos por cada idéntica medida de extensión.
Iñigo Sáenz de Samaniego procede con una selección de uva a pie de campo, vendimia manual y ligero despalillado cuando la fruta llega a las instalaciones de bodega. Macerado en frío antes de comenzar la fermentación alcohólica que se lleva a buen término en tinas de roble de poca capacidad, durante quince días siempre controlando la temperatura. Remontados y bazuqueos regulares y maloláctica posterior en barricas de madera nueva de roble francés procedentes de seis tonelerías diferentes, Sylvain, Millets, Daranjou, Taransaud, Seguin Moreau y François Freres.
Tras catorce meses de permanencia en barrica y sin aplicar filtrados ni estabilizados, se lleva a cabo el embotellado que en lo que corresponde a esta edición de vendimia tuvo lugar en el mes de junio de 2013. Dos mil seiscientos ochenta botellas de las que me correspondió, la número ochocientos sesenta y cinco. Tras el descorche, en copa parada afirma un cromatismo picota intenso y violáceo, concentración estética, nariz que asoma nostalgias de fruta roja y negra en sazón, amplitud de recuerdos a cerezas, fresas, ciruelas rojas y negras, segunda instancia floral muy suave, incluso descubro algunos guiños silvestres menores, con fondo balsámico profundo y especiados dulces lejanos que ni influyen en la personalidad de la fruta ni llegan a escoltarla. Es tanto el aire de tempranillo que surge del interior de la copa que enamora por su condición de franqueza varietal, sin complejos ni celosías. Boca sabrosa, con densidad frutal, buena sensación de frescura y traza longitudinal de acidez, magnífico volumen, estructurado, sugerente, con los taninos golosos y pulidos. Estupenda seña de persistencia, carnoso, con la exhibición de las drupas planteada con mucho estilo. Retronasal que habla de frutas rojas y negras en sazón, pétalos florales rojos y violetas, alguna mueca de matorral, regaliz y un punto especiado dulce que redondea el conjunto. Finaliza con una clave mineral de terruño, evocaciones gredosas afables y estilizadas.
Buen alcance y magnífica sapidez en la llegada.
Lo califico en esta añada 2011 como más que muy recomendable.
Del viñedo localizado a más altura de cuantos defiende en propiedad la familia Sáenz de Samaniego, un vino que me ha entusiasmado.

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