lunes, 3 de abril de 2017

Celler Frisach La Foradada de Frisach 2015.




La pasión por la tierra es algo que se inculca y que a veces procede de la propia familia a la que uno pertenece. Tal vez Francesc Ferré tenga ese sello íntimo y personal amplificado a la viña, gracias en parte a que de casta le viene al galgo, hijo de agricultores e ingeniero agrícola, con la elaboración vinícola como guinda de un apetitoso pastel.
No es la primera vez que cato y publico impresiones sobre referentes de Celler Frisach y pese a que mi primera cercanía a uno de sus vinos, tiempo atrás, no fue del todo venturosa, desde aquella época mucho ha llovido para gozo de quien dirige este blog y de todos aquellos que quieran disfrutar de vinos como este La Foradada de Frisach en edición de añada 2015.
Garnacha blanca de los parajes de Terra Alta, madurada en depósitos de acero inoxidable en contacto con lías, ejercicio de battonage, durante un periodo de doce meses y con la fase previa de fermentado en contacto con las pieles.
Un vino blanco seco que tras el descorche merece algunos minutos de paciencia. Al principio aparecen notas aromáticas algo cerradas, lo que me da tiempo para presenciar un cromatismo amarillo intenso, pajizo con reflejos dorados amarronados de estética evolutiva, un vi brisat lleva estas conclusiones con orgullo de tradición, más en la zona de Terra Alta, paraje de la geografía vitivinícola catalana en donde estas elaboraciones forman parte de su historia.
Tras unos minutos de espera mediando la pertinente aireación, la carga aromática frutal empieza a mostrar recuerdos de manzana reineta ligeramente horneada, aprecios de flores secas, cítricos confitados, gestos de pastelería, almendra y algunas hierbas aromáticas, balsámicos y jengibre, mantequilla francesa, finalizando la fragancia con prolongación y con un sello de fruta que se define en buen grado de madurez. Perfil de fragancia casi otoñal, rusticidad e intensidad, junto con un baile de complejidad que hace disfrutar a las narices más exigentes.
La boca es ancha en dimensiones, hay frescura, la traza de acidez se despliega certera, pero también afirma notas cálidas, alcohol bien integrado, hay melosidad y paso graso. Buen tono de persistencia, la retronasal abunda en recuerdos de fruta blanca de pepita, limón escarchado, albaricoque más lejano, con flores secas, camomila, azahar y ortiga blanca, señas de tomillo y garriga, resinas y un evidente tono evocador de jengibre. Hojarascas, cremosidad y una buena sapidez final, con alcance. Lo califico en esta añada 2015 como muy recomendable.

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