miércoles, 5 de abril de 2017

Adegas Panchín Nesta Ourela Cosecha 2015.



De vez en cuando se encuentra uno con vinos carentes de denominación de origen que suponen un desenfadado canto a la sinceridad frutal, esa que va ligada a la pasión por la viña de sus elaboradores. Es el caso de este Nesta Ourela, un vino gentil, largo en su alcance, elaborado en pleno Valle del Navia, comprendiendo la región gallega de Lugo y el occidente de Asturias, siempre bajo la vertebración del río que da nombre al valle. Allí, en el término municipal de Negueira de Muñiz, en la comarca de Fonsagrada, justo en el límite fronterizo entre Lugo y el Principado, el vitivinicultor Manuel Cancio recoge el legado elaborador de una pequeña zona rural de España en donde siempre se cultivó la vid para consumo interno, familiar, siendo ahora este hombre de vino el primero en dar el salto, etiquetando y compartiendo con nosotros su interpretación del viñedo del Navia. 
Como bien afirma Cancio existe una referencia documentada recogida en el Catastro de Ensenada de 1725, en la que se describen noventa hectáreas de viñedo localizadas en la población de Negueira. En el presente y aunque esta partida se ve reducida, poco a poco se buscan cauces para recuperar aquella actividad agrícola. Nesta Ourela en su edición de vendimia 2015 sale a la luz con una base mayoritaria de la casta merenzao, con un aporte complementario de mencía, sobre el quince por ciento. El verdejo negro asturiano, bastardo de Monterrei y aquí merenzao, es una variedad prefiloxérica, difícil de cultivar, que casi se perdió y que ahora está cobrando relevancia gracias al esfuerzo en su recuperación de algunos valientes como Cancio.
Pequeña producción y pocas botellas de un vino fresco, amable, que hace disfrutar durante su cata y degustación. Buena traza de acidez, elaborando con un ligero paso de maduración en barricas de madera de roble francés, influyente pero incapaz de nublar la frescura procedente de la fruta madre.
A partir de ahí y tras el descorche, asoma en copa parada una cromática apicotada intensa, con reflejos violáceos, nariz perfumada en base a nostalgias de fruta roja y negra en sazón, con algunos tonos que recuerdan a balsámicos de buena marca, regaliz y mentolados suaves, con un guiño de salinidad presencial en el final de la fragancia. Boca sabrosa desde el arranque, despliega una buena traza de acidez, aporte de frescura en el avance, amable en la formas. Afinado, con los taninos maduros y golosos, la fruta siempre abriendo el camino. Buen punto de persistencia, la retro nasal afianza destellos de cerezas, arándanos y grosellas, aquí surge un guiño, ¿tal vez varietal?, de pimienta roja, apuntes balsámicos bien armados, con el epílogo amplificado bajo una estela de salinidad que prolonga su expresión.
Lo califico en esta añada 2015 como muy recomendable.

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