sábado, 18 de marzo de 2017

El Escocés Volante El Puño Tinto Garnacha Old Vine 2011.




El motivo principal de la etiqueta de este El Puño Garnacha Old Vine 2011, justifica de algún modo lo que quien cata el vino siente. Un estrujado salvaje de racimo, una explosión emotiva de fruta en las paredes de la boca y el paladar, un látigo perfumado en la cercanía olfativa. El puño del Escocés Volante sirviendo de prensa unos metros por encima de nuestra boca, como cuando un ave madre acude al nido en busca de sus polluelos para nutrirles pico a pico. Embotellado en la Bodega Cooperativa San Gregorio de la localidad de Cervera de la Cañada, y elaborado según los criterios ecológicos del master of wine Norrel Robertson, un caballero escocés que aparte de ser licenciado en políticas y relaciones laborales, un día seguramente decidió que a través de la cultura vitivinícola se establecen relaciones más solventes y duraderas que las que nacen en otros órdenes de la vida. Algo que muchos hemos tenido la fortuna de comprobar. Elaborador itinerante, en el año 2003 fue contratado por la International Wine Services a fin de dirigir proyectos en el Sur de Francia y en. nuestro país. A raíz de esto, Robertson conoció la zona aragonesa de Calatayud y en 2009 inició su aventura personal que bautizó como El Escocés Volante. Definido por su propio elaborador, El Puño está envuelto en un guante de terciopelo, la garnacha de altitud en Calatayud es salvaje y firme pero tiene también su elegancia. Vino tinto monovarietal de la casta garnacha, fruta que se vendimia en cepas viejas que se localizan a una altitud de entre mil y mil cien metros sobre el nivel del mar, en el sureste de la denominación de origen Calatayud, con influencias climatológicas continentales, bajo nivel de precipitación y asiento en suelos de componente pizarroso y de cuarcita. Rendimiento menor a dos toneladas por hectárea y vendimia con selección del fruto, con traslado a bodega y permanencia de dos días en estancia fría, con temperatura mantenida a menos de cuatro grados. Pasan después los racimos por un control de calidad, estrujando y traspasando a tanque, en donde durante diez jornadas se enfrían, subiendo luego la temperatura e iniciando un proceso de fermentación alcohólica con levaduras indígenas. Maceración parcial y prolongada de una proporción y posterior maduración de un cuarenta por ciento del total en barricas de madera de roble francés de varios usos y con bajo a medio tostado. Permanencia de seis meses sobre lías con removidos regulares.
Es ese equilibrio, dejando que la madera sólo actúe en parte durante la crianza, el que matiza el vino, respeta su identidad y lo hace franco y cercano. En copa parada muestra un cromatismo apicotado de notable intensidad, con reflejos púrpura, brillante, nariz que en la cercanía deriva en recuerdos plenos de fruta negra y roja en sazón, con un amplio compendio de matices silvestres, arbustos de monte bajo y garriga, balsámicos, con una brisa especiada y terrosidad final. Buena complejidad en la fragancia, con equilibrio, siempre la fruta por delante. Boca sabrosa, con una bendita muestra de frescura, balsámico en el avance, media fluidez, frescura y unos taninos medios y afinados. Tiene alcance, con una franca seña de persistencia. La retronasal expresa evocaciones de cerezas, moras y ciruelas rojas y negras, algunas flores de pétalo oscuro, regaliz, zumaque, retama y garriga, finos tostados de almendra y un epílogo que ofrece nostalgias minerales, con un final que se muestra goloso y firme. Una buena añada de este El Puño de Robertson, que califico entre muy recomendable y más que muy recomendable.

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