miércoles, 29 de marzo de 2017

Domaine de Nidolères Le Cinsault 2013.



Catar un vino tinto monovarietal elaborado con la uva cinsault es a priori un instante de placer aromático por encima de virtudes gustativas, así debiera ser en la teoría. Hoy en la práctica traigo al blog un ejemplo, referencia del vitivinicultor francés Pierre Escudié, quien desde la localidad de Tresserre, en los Pirineos Orientales, ubicada entre la plaine du Roussillon y las regiones naturales de Le Conflent y Vallespir, en el corazón de Les Aspres, defiende con agrícola pasión sus viñas, con manejos de cultivo natural. Es para mi la cinsault, emparentada con la sudafricana pinotage, una varietal femenina, sabrosa, perfumada, que pudiera si fuera menester ó moda, servir de eau de parfum a enópatas damiselas, y que a buen seguro rivalizaría en cualquier cata de sensibilidades con las elegantes pinot noir ó con las jugosas garnachas interpretadas sin aporte de madera.
Acostumbrado casi siempre a apreciarla en vinos plurivarietales y en algún que otro rosé, la ocasión que nos brinda Escudié es de agradecer, sobre todo porque no abundan en el mercado referencias trazadas con esta uva en clave monovarietal. Fruta que se vendimia en cepas asentadas en suelos de componente arcilloso, terrazas del cuaternario; cubierto por una capa arenosa y rocosa de entre dos y tres metros, cosecha manual y vinificado que concluye con doce meses de maduración sobre lías, en depósitos de cemento.
Cromatismo apicotado ligero, muy estético y brillante, con reflejos grana y rubídeos, nariz que recoge memorias de fruta roja madura, sensaciones florales y silvestres en segunda instancia, buen compendio aromático que aunque en el inicio de la proximidad a copa parada exhibe algunas notas oclusivas, a medida que se airea el contenido va abriendo esencias, amplificando la fruta y los matices balsámicos, herbales, silvestres y florales. Merece la pena catarlo con calma, dejando que una eficiente oxigenación logre centrar el perfume. La boca abre con finura, delicada, fluidez en el paso, media nota de acidez, sugerente en su llegada al paladar. Media alta condición de persistencia, con una tanicidad ligera y golosa, apunta buena maduración y en la retro nasal retrata memorias de cerezas y ciruelas rojas, seña de confitura y cierta licorosidad, endrinas, pétalos de rosas rojas, garriga y brezo, lavanda, algún guiño de regaliz y eucalipto, finalizando con un sello de identidad que califico como mineral y que faculta evocaciones de húmedo pedernal.
Tal vez la gracia de este vino reside en el hecho de que sea sólo el hormigón quien le acompañe durante el periodo de crianza, tal vez de ese modo Escudié dibuja un vino de cinsault franco, extensivo y que hay que interpretar en dimensiones de sutil longitud.
Lo califico en esta añada 2013 entre recomendable y muy recomendable.

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