viernes, 3 de marzo de 2017

Bodegas Franco-Españolas Talla de Diamante 2015.




La salida al mercado de esta nueva referencia de Bodegas Franco-Españolas tuvo en principio el aliciente de servir de estímulo a los consumidores habituales, fieles al legendario Diamante blanco. Claro está que la principal novedad daba la mano también a la variación de la casta que acompaña a la viura en aquel vino, la malvasía. Aquí con la talla, aparece la chardonnay, esa casta recientemente incluida por el Consejo Regulador en las opciones de uvas blancas a utilizar en Rioja. Setenta y cinco porcentual de viura, dejando la cantidad restante para la uva antiguamente mencionada como chaudenet y chardenay, bautizada con el nombre actual en 1896 durante el Congreso de Ampelografía de Chalon-sur-Saône.
Selección parcelaria del fruto, cumpliendo con la condición de que las viñas de viura acrediten una edad media superior a los treinta años. Suelos de composición arcillo calizos presentes en la zona más occidental de la denominación Rioja, variando en cuanto a los racimos de chardonnay que se vendimian en la parte central de la región a una altitud media de seiscientos cincuenta metros sobre el nivel del mar, en cepas asentadas en suelos de componente arcillo arenoso. Ya en bodega, maceración en frío e inicio del proceso de fermentación alcohólica bajo control de temperatura, que se desarrolla en depósitos de acero inoxidable.
Talla de Diamante en esta edición de añada 2015 se comporta con estímulos de dulzor que en la parte final de la cata resultan, en mi opinión, algo pesados, convirtiendo un ligero y equilibrado abocado, justificable en un blanco seco, en casi un vino blanco de medio dulzor. Estampa cromática amarillo pajiza con reflejos cetrinos, aportando en la proximidad aromática nostalgias cítricas en la cabecera que dejan paso a frutas blancas con hueso, gesto tropical ligero, ciruelas claudia maduras y guiños florales suaves. Descubro también retazos de pera y manzana golden, con un lecho balsámico lejano y un final en el que la fruta se prolonga. Boca golosa en todo el recorrido, ya dije que con ese perfil excesivo para mi gusto, la acidez termina retirada en un segundo plano y ese pico hacia abajo repercute en su desconcertante personalidad. Tiene decoro en la envolvencia, con una retronasal que insiste en los testigos acreditados en la fase olfativa de la cata, intensificando las notas frutales sobre el resto y añadiendo junto a las más débiles flores y apuntes balsámicos, un fondo que identifico como si estuviera delante de una estival macedonia de frutas.
Lo que menos aprecio de este vino, su final.
La cata resulta quebrada en dos tramos, con una ruptura en medio de la fase gustativa, como sin avisar, nos cambiaran de copa dándonos a probar dos vinos diferentes. Es precisamente esa ruptura la principal contrariedad.
Lo califico en esta añada 2015 como aprobado justo, ya que aún y con todo, tiene algunos momentos más amables que ese The End, que podría definir como desconcertante.

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