martes, 7 de febrero de 2017

Oxer Bastegieta Marko Txakolina 2015.




Oxer Bastegieta defiende poco menos de cinco hectáreas de viñedo en Urdaibai, localizadas a una altitud media de sesenta metros sobre el nivel del mar, obteniendo de sus labores de campo el fruto necesario para dar luz a este txakoli, sincero, equilibrado y fresco, un vino blanco en donde la tan tradicional acidez de este perfil de elaboraciones se dibuja sin disimulo, pero con el cauce perfecto para resultar atractiva. La hondarribi zuri presencial, con un treinta y cinco por ciento proporcional, y una cantidad mayoritaria, la restante, de hondarribi zerratia, procediendo a elaborar en depósitos de acero inoxidable mediando control de temperatura. Cuatro meses de maduración y afinado sobre lías. Una comunión varietal que Oxer Bastegieta lleva a cabo buscando, y de ello estoy seguro, una mayor estructura en el vino, huyendo de falsos purismos y criterios anclados en el ideario más tradicional del txakoli. Personalmente, creo que casi todo tiene cabida en este mundo de la cultura vitivinícola, pero ¿qué quieren?, cada vez creo más en la evolución de estos vinos buscando la excelencia y no sólo el trago fácil a píe de barra.
Marko 2015 me parece uno de esos vinos que enarbolando el estandarte de Bizkaiako Txakolina cumplen de maravilla con la mencionada idea.
En copa parada describe un cromatismo amarillo pálido, brillante, con reflejos acerados y suaves verdosos, nariz en donde destacan los recuerdos de frutas cítrica y blanca, con una segunda instancia floral que me ha encandilado. Buen equilibrio entre los dos factores protagonistas, dejando en el punto central de la fragancia nostalgias balsámicas, lácticas y minerales. Boca muy sustanciosa desde el arranque, el trabajo con las lías se deja ver con claridad, untuoso en el paso, longitud en el despliegue de acidez, pero siempre el efecto del battonage sirviendo como balanza en un equilibrio gozoso. Tiene una buena persistencia, un lecho graso que da empaque al vino y un escenario de retronasal que deja evocaciones de manzana, limón, flores blancas, algún hinojo y alguna flor de camomila, sabroso amargor y en la fase final de la cata un guiño hermoso y salino que da aún más capacidad expresiva y personalidad al vino.
Me ha encantado. Uno de los más satisfactorios txakolís que he catado y degustado en los últimos tiempos. Lo califico en esta añada 2015 entre muy recomendable y más que muy recomendable.
Viveza, nervio y equilibrio. Franca personalidad.

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