miércoles, 8 de febrero de 2017

Finca Valpiedra Reserva 2010.




Los meandros del río Ebro y el viñedo de Rioja, una comunión inspiradora de la que algún día habría que escribir largo y tendido. De hecho, la familia Martínez Bujanda, propietaria de Finca Valpiedra puede presumir de uno de los enclaves selectivos más emblemáticos de la denominación en lo que a la mencionada comunión se refiere. Ochenta hectáreas de plantación divididas en catorce parcelas, con suelos de composición franco arenosa y en superficie cantos rodados y caliza, influencia climatológica atlántico mediterránea. Las cepas fueron plantadas en dos fechas, las que acreditan mayor antiguedad en el año 1974 y las más recientes en 2010, siendo las primeras las que aportan su fruto a este vino reserva. Altitud sobre el nivel del mar que oscila entre los cuatrocientos y los cuatrocientos treinta metros, con disposición en terrazas. Los responsables de Finca Valpiedra elaboran con una base varietal mayoritaria de la casta tempranillo, incorporando proporciones menores complementarias de graciano y maturana tinta. Tras la vendimia se procede con un método tradicional de vinificado que incluye una fermentación alcohólica en depósitos de acero inoxidable, manteniendo un control de temperatura y una maceración de diecisiete días. Maduración de veinticuatro meses en barricas de madera nueva de roble francés.
En copa parada exhibe un cromatismo apicotado de notable intensidad, con reflejos púrpura e insinuaciones grana, apunta en la proximidad olfativa nostalgias de fruta roja y negra maduras, segunda instancia con recuerdos especiados dulces, lácticos y balsámicos, hay un guiño de tabaco y fina ebanistería, dejando en el epílogo de la fragancia evocaciones de sugerente mineralidad.
Boca firme y sabrosa desde el arranque, despliegue longitudinal de la acidez, en el paso hay créditos de frescura, envolvencia y aval de vino estructurado. Taninos maduros y jugosos, con la tempranillo afirmando en clave de notable intensidad la persistencia. El cauce por boca resulta pleno en integración de factores, dejando en la retronasal recuerdos de ciruelas rojas y negras maduras, cerezas, algunas notas que evocan vainilla y crema, regaliz, hojas de tabaco y frutos secos tostados. Epílogo que describe recuerdos de piedra húmeda, aquí este testigo aparece más marcado que en la fase aromática, indudable y firme. Es uno de esos recuerdos que quienes pasamos algunas horas ociosas de nuestra infancia en un río, reconocemos con cariño.
Lo califico en esta añada 2010 como muy recomendable.
Un vino que, añado, tiene potencial de guarda responsable en botella.

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