sábado, 25 de febrero de 2017

Familia Nin-Ortiz Planetes de Nin Partida ¨Les Planetes¨ 2014.





Ester Nin, Carles Ortiz y sus planetas forman parte de eso que algunos bautizaron como Renaissance des Apellations, que pese a su aire francófono y algo complejo de entender, no es más que el esfuerzo de algunos vitivinicultores por hacernos llegar las artes de la biodinámica y la dynamisation, hasta el interior de la copa. Ester y Carles manejan la agricultura ecológica desde el año 1999 y fue en el 2006 cuando empezaron a seguir los preceptos de la biodinámica, con prácticas al uso que incluyen desde trabajo de campo con la ayuda de mula a tisanas de extractos. Planetes de Nin es un vino tinto que se elabora con fruta procedente de una parcela única situada en la llamada partida Les Planetes, plantada con garnacha en bancales y cariñena en costers, y que sus propietarios cuidan con azufre mineral, tisanas y compost de estiércol animal. La parcela ocupa cuatro hectáreas y tiene una orientación cardinal este, zona vinícola fresca que evita perfiles de sobremaduración.
Vendimia manual, con una posterior vendimia selección, cuidando que racimos y granos óptimos en cuanto a maduración sean sólo los que llegan a bodega. Uso de levaduras indígenas y remontados manuales, sin empleo de bombas mecánicas. En función de cada lote de fruta se procede ó no con un fermentado con raspón, maceraciones en frío durante cuatro ó cinco jornadas y arranque espontáneo de la alcohólica que suele prolongarse durante quince días, incluyendo un único pigeage al día, siendo este muy ligero para evitar quebrar las pieles. Sangrado del vino y prensando suave de esas pieles, posterior limpieza de los tinos de roble francés Allier de tres mil litros, en los que tras regresar los vinos a su interior, se desarrolla la fermentación maloláctica. No se añade So2 hasta el final de las dos fermentaciones y es después y siempre en función de las analíticas cuando se decide su proporción. Ester y Carles embotellan siempre con luna decreciente y en días flor ó fruta, bajo los parámetros del calendario que marca el único satélite natural de la Tierra.
El vino antes de su embotellado madura durante dieciocho meses en los continentes ya mencionados.
Tras el descorche y en copa parada exhibe un cromatismo apicotado de notable intensidad, con reflejos violáceos y purpúreos, nariz que llega franca expresando recuerdos de fruta roja y menos negra, en sazón y algún crédito varietal de la garnacha que recrea evocaciones de naranja, segundo plano con matices silvestres y especiados, centro de fragancia balsámico, botica y un punto final en el perfume que expresa con delicadeza un guiño mineral, de pedernal húmedo. Es un vino de matices en el aroma, complejo, de los que uno disfruta metiendo y sacando la nariz una y otra vez de la copa, como un parque de atracciones para el catador. Avanza desde el primer servicio, emociona, desprende tras la fruta ramilletes de flores y arbustos, nuez moscada y vainilla, regaliz y botánica, incluso algún gesto que me recuerda a los talleres artesanales de los boticarios naturistas. En boca es sabroso desde el arranque, la fruta se extiende por la boca, la macera, buen tono de acidez, integración alcohólica en plenitud, guiño amargos suave y sugerente, los balsámicos que alcanzan el paladar conjuntados con la  fruta, concentrado y jugoso. Taninos golosos y maduros, suaves, deja una estupenda persistencia, con alcance y  buena llegada al final. Retronasal que abunda en recuerdos de cerezas, ciruelas rojas y negras, frambuesas y arándanos, buen repertorio silvestre en segundo plano, hay flores rojas y violetas pero también arbustos, especiados e incluso algún herbal aromático, balsámicos y plantas medicinales naturales. Siempre la fruta por delante, acabando en una brisa mineral que aquí apunta cierta salinidad y un prolongado apéndice que recrea nostalgias de roca húmeda.
Una gran añada para un vino que encandila.
Lo califico en esta añada 2014 entre muy recomendable y más que muy recomendable.

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