miércoles, 1 de febrero de 2017

Daniel Gómez Jiménez-Landi Viticultor Las Uvas de la Ira 2014.




Mi aproximación a estas Uvas de la Ira del vitivinicultor Daniel Gómez Jiménez-Landi no se ha realizado a bordo del Hudson Super Six que usaban los personajes Tom y Ma Joad del film The Grapes of Wrath (John Ford, 1940) en el éxodo que el escritor californiano John Steinbeck preparó en la novela homónima, llevada al cine por el genial realizador bajo los acordes del guión de Nunnally Johnson. No he precisado la compañía del viejo y legendario vehículo fabricado en Detroit allá por el año 1926. Y sin embargo del polvo en el camino, de esa rusticidad natural y de una especie de road movie wine puedo hablar cuando intento transmitir a mis lectores las primeras impresiones que me han llegado tras su cata y análisis. Vino tinto monovarietal de la casta garnacha, la Sierra de Gredos como soporte vital, fruta cosechada en viñas viejas de más de sesenta años que cumplen su ciclo vegetativo asentadas en suelos de granito con arena en superficie, localizadas a una altitud de setecientos cincuenta metros sobre el nivel del mar. Tras la vendimia, ya con las uvas en bodega, comienza el proceso de vinificado empleando para ello tinos de roble francés, incluyendo raspón y levaduras indígenas. Maduración de diez meses en en fudres de roble de idéntico origen de dos mil y tres mil litros, procediendo después con un embotellado que se lleva a buen término sin mediar filtrados. Daniel Gómez maneja el viñedo, con prácticas ecológicas y biodinámicas de cultivo, presentando un vino que precisa cierto tiempo de apertura tras el descorche, amaneciendo en copa parada con un cromatismo apicotado de suave intensidad, tonos agranatados, con algunos reflejos rubídeos, nariz que esgrime nostalgias tostadas que al comienzo parecen nublar en alguna medida las expresiones de frutas rojas en sazón. Pero la verdad es hija del tiempo y tras una conveniente aireación, las evocaciones surgen frescas a fresas de mata y cerezas, especiados en segunda instancia, centro de fragancia balsámico y algunas flores que se unen a retornos silvestres para intensificar la personalidad de una garnacha que hace de la bendita rusticidad su estelar virtud. Goloso y firme en el arranque, la acidez se impone en el paso, hay vivacidad, es un vino parlanchín, con nervio. Taninos jugosos, expresivos y al tiempo suaves, hace de una fluidez decorosa una escalera hacia un eje gustativo que personalmente he captado y me ha encandilado. Fruta amable, vino con carácter, estupenda persistencia y una retronasal que enmarca los recuerdos de frutas rojas maduras, el tono especiado de pimienta negra, pétalos florales rojos y violetas, un punto suave que aquí he asimilado como flor de naranjo, algunos tostados ligeros y un fondo balsámico de regaliz. Finaliza con buena sapidez y alegre alcance. Lo califico en esta añada 2014 como muy recomendable.

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