jueves, 12 de enero de 2017

CVNE Viña Real Gran Reserva 2009.





Viña Real es una de esas referencias que guarda, con los altibajos propios de los condicionantes externos del mundo del vino, una seña de regularidad y elegancia, con el estandarte de los vinos finos de Rioja bien alzado sobre el cimiento de la bendita comunión entre fruta y madera. En concreto el Viña Real Gran Reserva plantea con romanticismo ese concepto señorial que la denominación de origen Rioja traslada al bebedor cuando hablamos de fusión equilibrada entre fruta y roble. Edición de añada 2009 que se elabora con un porcentaje mayoritario de la casta tempranillo, complementada con un cinco por ciento de uvas de la varietal graciano. Fruta procedente de parcelas de la zona alavesa de la denominación, tierras de Laguardia y Elciego, con vendimia manual y fermentación alcohólica en depósitos de acero inoxidable bajo control de temperatura, mediando remontados y delestages, y continuando con una maloláctica que se lleva a buen término en barricas de madera de roble francés y americano. Trasiegas manuales buscando un estabilizado natural, con maduración de dos años en barricas de roble y posterior afinado en botella antes de su salida al mercado.
Tras el descorche y primer servicio, en copa parada asoma un cromatismo apicotado de notable intensidad, con reflejos grana y algunos incipientes rubídeos, nariz que descubre nostalgias de fruta roja en sazón, matices licorosos y confitados infantiles aún, anuncia en segunda instancia pétalos florales rojos, con esbozos ahumados y tostados, apunto un descriptor aromático de cuero fresco, frutos secos y especiados dulces bien contrastados con el protagonismo principal de la fruta. Buena complejidad aromática, los terciarios parecen luchar con el tiempo, iniciando un mise en place, siempre en clave de escolta de los descriptores propios de la fruta.
Intenso desde el arranque en boca, largo en su avance, con la traza de acidez muy en clave de la zona alavesa de la denominación, despliega frescura y un punto cálido que cabalga a lomos de un corcel llamado licorosidad bien integrada. Taninos maduros y golosos, funde la fruta en el paladar y se recrea retozando. Estructura y envolvencia, franca seña de varietal persistencia, exhibiendo en la retronasal sensaciones que recuerdan a cerezas, ciruelas y pétalos de rosas rojas, vainillas y un punto de ebanistería limpia, almendra tostada y algún efecto balsámico más desplegado aquí que en la vía olfativa. Cuero y gentil guiño torrefacto en el final. Un vino que seguirá una estupenda progresión mediando una guarda responsable en botella. Hoy por hoy, lo califico como muy recomendable.

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