domingo, 1 de enero de 2017

Champagne Perrier-Jouët Belle Epoque Brut Rosé 2006.





Durante la visita del genial Jordi Melendo a la Escuela de Hostelería de Leioa, en el marco del campus universitario de Bizkaia, a donde el divulgador vitivinícola catalán llegó acompañado por dos representantes del Bureau du Champagne en España, una de las referencias catadas fue esta que hoy ocupa el protagonismo del blog.
Colocada en último lugar en el programa de cata, el champagne brut rosé de la maison Perrier-Jouët, en su edición de añada 2006 planeó entre los presentes con diferencias evidentes de criterio. A nadie se le escapó que estaba delante de un vino espumoso diferente, una rara avis, que expresaba muchas dosis de personalidad propia, más allá de los gustos, circunstancia esta que hace grande a la subjetividad. Quise, tras su cata, armonizarlo con un canapé que los alumnos de la Escuela de Hostelería de Leioa, bien dirigidos como siempre por Ibon Andraka y Gonzalo Ibáñez; prepararon al efecto, rebanada triangular de pan tostado cubierto por una sabrosa unión de salmón ahumado y aguacate. Muy buena comunión.
La añada 2006 del Brut Rosé de esta bodega enclavada en Épernay, con las preciosas laderas plantadas con viña, influenciadas por la cuenca de París, está elaborada en clave plurivarietal, marcando espacios proporcionales de uvas chardonnay, mitad del ensamblaje y procedencia de cepas localizadas en Cramant, Avize y Le Mesnil, pinot noir, cuarenta y cinco por ciento, con origen en parcelas de Mailly, Aÿ, Verzy, Rilly, Vincelles y Vertus, dejando el cinco porcentual restante para fruta de la casta pinot meunier, vendimiada en Dizy.
Cuvée que acredita un dosage de ocho gramos por litro y una maduración mínima de seis años, afinando en las bodegas de Perrier-Jouët.
Mis impresiones sobre el terreno fueron las siguientes : sale frío en copa, tal vez un punto más arriba de lo ideal para ser admirado, cuestión esta que no preocupa y que unos minutos de espera logra corregir sin esfuerzo. Cromatismo que aparece pincelado por tonos cobrizos y anaranjados, buen brillo, matices piel de cebolla, despliegue regular de burbujas, nariz esbelta, a medida que el contenido de la copa se va atemperando va ganando en intensidad. Surgen nostalgias de frutos rojos, cítricos orientados hacia la naranja, incluso sanguina, con notas que recrean granada, grosellas y fresas, alguna endrina, apunto recuerdos de levaduras, algún escorzo tostado muy fino, caramelo y un lejano brote floral que en caso alguno alcanza la marca de la fruta, siempre imperante.
Tengo la evidencia de que es un champagne rosé que precisa un buen tiempo de análisis, que empieza tímido, más allá de la temperatura, y que va de menos a más. Finaliza con un sugerente punto de fragancia mineral, yeso y piedra.
La boca abre con perfil seco, la fruta alzada en el avance, con notable nivel de acidez, siempre integrada y asociada con despliegue de frescura, amable en las formas, enarbola la bandera de la excelencia aunque a ratos desconcierta precisamente, precio al margen, por ese gesto que resulta más en clave de vino sin burbuja. Ampuloso, progresa con viveza, y en algunos instantes de la cata crece, gracias a un imaginario despertador de sensaciones, como si su expresión se iniciará dormida y nuestros sentidos se vieran obligados al zarandeo. A título personal puedo decir que de entrada me resulta poco apreciable y sin embargo buceando con cierta calma en su alma, pude llegar a entenderlo. Suave envolvencia y buena llegada al final, con la retronasal hablando de naranja, frutos de granada, grosellas, endrinas, caramelo y finos tostados, algunas flores rojas y el epílogo aclamado por recuerdos minerales, estos más que evidentes.
No lo califico de rara avis, pese a sus chispazos iniciales.
Muy recomendable.

No hay comentarios:

Publicar un comentario