jueves, 19 de enero de 2017

Celler Pascona María Ganxa de Pascona 2015.




La historia de Celler Pascona se levanta en torno al paraje Baronía de Entenza, que en el siglo trece representaba la alternancia vitivinícola a la Cartuja de Scala Dei, esta regentada y conducida por monjes y aquella por la nobleza de la época. Cuando en el siglo diecinueve Pedro Pascó, médico de Falset, adquiere las tierras, abrió la puerta a una sucesión familiar, llegando con el paso del tiempo y en modo de herencia a la titularidad de su hija Victoria. Esta a su vez contrajo nupcias y tuvo dos hijas, Mari Paz y Guadalupe Gombau Pascó, que conservaron la propiedad y que han pasado a la historia con el apelativo de Las Pasconas. Con la llegada de la Guerra Civil española, aquellas mujeres perdieron a sus esposos en el frente y enviudaron sin tener descendencia. Sin embargo, una pariente de la familia enfermó y teniendo a su cargo la responsabilidad de una niña de siete años, Assumpta Rull, decidió que fueran aquellas dos mujeres quienes le dieran cobijo y educación, cosa que hicieron como si de su propia hija se tratara. Cuando la madre biológica sanó, quiso recuperar a su hija, y se estableció un litigio novelesco. Sin embargo, y como hablando se entiende la gente, ambas partes pactaron una distribución racional de tiempos, de tal modo que la joven Assumpta pasará unos días con su madre real y otros tantos con sus madres de adopción. Cuando la niña se hizo mayor, y con el fallecimiento de las Pasconas, recibió el legado de la finca que hoy en día sirve de localización a esta bodega del Montsant. Assumpta contrae matrimonio con Antoni Ripoll, y de esa unión nace Toni Ripoll, actual gerente y alma mater de la bodega. Veinte hectáreas administradas y asentadas en suelos de composición variada, arcillas, granito y llicorella, con pluralidad de alturas y orientaciones. La edición de añada del vino que hoy comento en el blog, tras su pertinente cata, se elaboró de modo monovarietal con uvas de la casta cariñena, fruta vendimiada en cepas asentadas sobre terrenos arcillosos, acreditando en su proceso de vinificado maceración y fermentación alcohólica en depósitos de acero inoxidable, bajo control de temperatura, y una crianza sobre lías de tres meses en idénticos continentes. En copa parada asoma un cromatismo apicotado brillante y suave, con reflejos rubídeos, nariz que expresa nostalgias de fruta roja en sazón, pétalos de rosas rojas, naturaleza silvestre y un guiño balsámico aderezado con notas que recuerdan a crema catalana.
Boca delicada, muy fina en las formas, paso amable y un tanto licoroso, con la acidez de la cariñena bien marcada pero al tiempo controlada. Frescura y calidez por partes iguales, fluidez y algunos matices silvestres que abrazan el paladar. Buena persistencia, con la retronasal hablando de cerezas, grosellas y ciruelas rojas en sazón, despliegue de retornos silvestres con flores y hierbas aromáticas, fondo balsámico, regaliz y una consistente a la par que sugerente cama láctica, cremosa, sin duda como detalle de la influencia de las lías.
Lo califico en esta añada 2015 entre recomendable y muy recomendable.

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