martes, 31 de enero de 2017

Abel Mendoza Monge Viura 2015.



Cuando empecé mi curso en este mundo de las catas de vino, algún purista me dijo que había al menos dos alimentos que eran imposibles de conciliar con cualquier vino, fuera el que fuese. Uno la alcachofa, cuestión que mi admirado Juancho Asenjo ha desterrado en más de una ocasión, facilitando a quien quiera probarlo, la idea de que un oloroso de Jérez armoniza de mil amores con ese vegetal. El otro, el espárrago. Leí tiempo atrás que algunos blancos de la zona vitivinícola del Alto Adige casan de maravilla con los espárragos y lo cierto es que no sólo comparto esa opinión, sino que pretendo extenderla. También algunas viuras de Rioja maridan de un modo magnífico con los espárragos. Estas pasadas navidades me puse manos a la obra y logré que mi familia pudiera comprobar que lo que pueda paracer una osadía, es en realidad un acierto.
Para ello, la elección fue un blanco fermentado en barrica en edición de añada 2015 de Abel Mendoza, una de las más gallardas expresiones de la casta viura que se pueden hallar en el mercado.
Fruta vendimiada en viñas que acreditan una edad media de más de treinta años, y que forman parte de las dieciseis hectáreas en propiedad de la bodega, con asiento en terrenos de composición arcilloso calcárea. Fermentación en barricas de madera nueva de roble francés de doscientos veinticinco litros, con una posterior crianza sobre lías, durante un periodo de entre cuatro y cinco meses. En copa parada afirma un cromatismo amarillo pajizo intenso y brillante, con reflejos dorados, nariz que recibe nostalgias de fruta cítrica, manzana horneada y ciruelas claudia en sazón, melosidad y tostados en segundo plano, hinojos y un punto de almendra tostada que aparece compensada con un punto cremoso, bizcocho. Uno de esos vinos en donde la fruta se enlaza con las influencias aromáticas de la madera que le sirve de crianza, sin que se nuble su personalidad. Buena y apacible complejidad, la boca abre gustosa y sabrosa, buen tono de acidez, prolongado, con envolvencia en el paso, sensaciones grasas agradables y equilibradas, músculo y alguna nota de confitura, largo y bien compensado, apunta en la fase retronasal nostalgias de limón, manzana, ciruelas claudia, membrillo, miel y tejo, apuntes ahumados suaves y tostados más amplios que coinciden con retornos de frutos secos. Fondo balsámico y alguna huella que evoca pastelería. Inmenso en su circuito gustativo, amable, estructurado y con una prolongación muy sugerente. La fruta siempre por delante de la madera.
Lo califico en esta añada 2015 como más que muy recomendable.
Prueben la armonía entre espárragos y un buen vino blanco riojano de viura. La divina acidez de la perla blanca de Rioja, espectáculo asegurado para los sentidos.

No hay comentarios:

Publicar un comentario