lunes, 12 de diciembre de 2016

La Conreria D´Scala Dei Les Brugueres Vi Blanc 2015.




Una de mis varietales blancas predilectas, la garnacha blanca, tiene en este Les Brugueres, que acabo de catar y degustar en su edición de añada 2015, un buen ejemplo de expresividad identitaria. Elaborado en modo monovarietal con fruta vendimiada en finca La Creueta, tres hectáreas de extensión con viñas plantadas en 1980, dispuestas en terraza y asentadas en suelos de composición pizarrosa, el vino abraza con creces las condiciones necesarias para apreciar la untuosidad de la garnacha blanca y el caprichoso punto de mineralidad que algunos aún pretenden negar como descriptor vinícola. Tras la vendimia, con la llegada de la uva a bodega, se procede con una maceración pelicular prefermentativa que se prolonga durante setenta y cinco horas. Posterior fermentado alcohólico bajo control de temperatura que tiene lugar en depósitos de acero inoxidable, madurando en idéntico continente en contacto con las lías por un periodo de cinco meses.
La legendaria presencia en la zona de la sombra de los monjes de La Cartuja, apagada a título físico aunque nunca espiritual, remonta al año 1194 el cultivo de la vid en este enclave de la geografía catalana.
Tras el descorche y en copa parada el vino escenifica un cromatismo amarillo pálido y brillante, con reflejos acerados y verdosos, nariz que promulga recuerdos de fruta blanca, ligeros cítricos menos marcados, con esencias florales de segunda instancia, balsámicos centrales y algunas notas que evocan cremosidad, mantequilla francesa. En una segunda proximidad surge, tras una breve aireación, la fruta con más intensidad, manzana golden, reineta, pera de agua, membrillo y ciruelas claudia maduras, asistidas de cerca por un guiño de limón. Hay un testigo aromático que rodea la fruta y que ensalza tonos suaves de pétalos florales blancos, hinojo, madreselva, pimienta y arbustos silvestres. Acaba con un recuerdo de piedra húmeda, que afina y prolonga el perfume.
La boca es sustanciosa, equilibrada, avanza con volumen, deja destellos plenos de estructura, hay untuosidad y una expresión jugosa y fresca de la fruta madre.
Rollizo, no exento de elegancia, prolongado, abraza el paladar llenándolo de sensaciones a drupa madura. Buena acidez, con persistencia, llegada y alcance al final de la cata, descubriendo en la fase retronasal, junto a los testigos ya mencionados en la cercanía olfativa, un aire de mineralidad digno de elogio, roca húmeda. Hay espacio para memorias de manzana y pera, albaricoque y membrillo, ciruelas claudia y limón, excursiones primaverales por el campo, muy fina nota especiada y un final que emociona y que desliza tras el balsámico anisado, el ya mencionado apéndice que nos traslada al terruño. Lo califico en esta añada 2015 como muy recomendable. Tendrá una magnífica evolución en botella y garantizo aún más plenitud expresiva en uno ó dos años, mediando siempre una guarda responsable en botella.

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