viernes, 23 de diciembre de 2016

Domaine du Clos des Fées Grenache Blanc Vieilles Vignes 2013.



Conocí personalmente a Hervé Bizeul, tiempo atrás, durante una visita a Burdeos. El estaba allí con algunos de sus vinos y yo me encontraba catando en el garage de Jean Luc Thunevin, en Saint Emilion. Me sorprendieron las apoteósicas garnachas del vitivinicultor y la imagen que presentaban algunas de sus etiquetas. Pero en aquella ocasión no pude catar ninguno de sus vinos blancos, por lo que esta referencia que traigo hoy al blog representa para mi casi una novedad. La garriga mediterránea tiene una relación directa con el paisaje de Vingrau, localidad del Languedoc Rosellon, donde se ubica la bodega de Bizeul y donde las formaciones vegetales que surgen en esa área biótica son fruto de la degradación del chaparral. La vid, como bien apunta el elaborador francés, fue plantada a golpes de pico, con la roca madre presencial y bolsas de arcilla. Allí las piedras fueron apartadas de la viña, muchas veces amontonadas junto a las fincas. Como también cuenta Bizeul, en una declaración llena de poética, dicen los ancianos del pueblo que, desde que tienen memoria, las viñas de brazos torturados ya eran viejas. Marcada influencia mediterránea, con la Tramontana soplando en favor del cultivo de la vid y una diversidad geológica que se asemeja a la alsaciana. Esa diversidad también se aprecia en cuanto a orientaciones cardinales de las cepas y la altitud sobre el nivel del mar, que en pocos kilometros tiene curiosas variaciones.
Base mayoritaria de garnacha blanca, con un diez por ciento de garnacha gris, fruta procedente de la finca Mas Farines que atesora plantas con más de cien años de antiguedad. Caliza arcillosa en el suelo, altitud que oscila entre los doscientos y los cuatrocientos metros y orientaciones norte y oeste. Tras la vendimia manual se procede con un prensado neumático de racimos enteros, siguiendo con una fermentación lenta en cubas de acero inoxidable, para la garnacha blanca, y barricas viejas de madera, para la gris. Battonage periódico y maduración de cinco a ocho meses siempre manteniendo el contacto con las lías. Filtración antes del primaveral embotellado.
En copa parada pincela un cromatismo amarillo pálido y brillante, reflejos verdosos y algunos acerados suaves, con los recuerdos en la proximidad aromática que esbozan cítricos y fruta blanca, pétalos florales acompasados por evocaciones silvestres, matorral, guiño balsámico fino y un epílogo en el que se extienden notas salinas y de rocosa mineralidad seca.
Buen equilibrio, con la bandera frutal ondeando al viento. En una segunda aproximación, tras un gesto anisado, anoto un lecho de fragancia cremoso, con algún retorno de mantequilla.
Boca golosa, densa pero no pesada, sabrosa traza de acidez, despliegue de frescura en el avance, buen equilibrio licoroso, el paladar se encandila con sensaciones golosas amplias, como si la fruta quisiera detallar toda su capacidad de alcance en cuanto a dulzor. Paso en el que las influyentes lías dejan su sello de influencia e identidad. Envolvente, plácido. Longitud y alcance, en la retronasal surgen nostalgias de limón, manzana y albaricoque, plantando un punto de confitura y ampliando los decriptores cremosos, con la mantequilla endulzada levemente. Hinojo y arbustos silvestres, finalizando en un sugerente tono de salina y pedregosa mineralidad.
Lo califico en esta añada 2013 entre muy recomendable y más que muy recomendable.

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