miércoles, 16 de noviembre de 2016

Château des Estanilles L´Impertinent 2010.




No es cuestión de exagerar. El descriptor silvestre en los vinos tan sólo recuerda al entorno en donde se desarrolla el ciclo vegetativo de la vid, a algunas varietales determinadas y en el fondo al campo, a la tierra en donde las cepas crecen y fructifican. L´Impertinent en su edición de añada 2010 es un vino que cumple con creces esa definición, gracias en parte a la comunión varietal de garnacha, syrah, carignan, cinsault y mourvèdre, impertinencia que tras unos minutos solemnes de aireación que suceden al descorche y primer servicio en copa, comienza a charlar con altibajos.
Y es que la divisa del blanco can me deja un tanto desconcertado no ya por la suerte de varietales diversas que contiene, sino por una nota cerrada y tal vez algo evolucionada que dispersa el encanto de frescura de la garnacha y la syrah, mayoritarias en el coupage.
Los esquistos del suelo de la zona con sus laminares minerales en la composición debieran aportar personalidad al vino, ó al menos eso nos contaron algunos erúditos cuando comenzamos en este mundo del universo vitivinícola, y sin embargo esa pretendida esencia mineral no aparece reflejada en el interior de la copa. La fruta es difusa, más roja que negra, muchas flores y apuntes silvestres, hierbas aromáticas, arbustos y retazos primaverales y otoñales, de hojas verdes al comienzo y secas al final, ligera funda balsámica en el centro de la fragancia y signos de confitura que danzan en animado baile con mermeladas de frutos rojos. Los doce meses de foudre y barrica no pasan desapercibidos, hay espacio para suaves guiños tostados y especiados, alguna nuez moscada, alguna almendra, aunque existe en el fondo una evidencia que podría calificar como oxidativa.
Boca un tanto inestable, fluidez en el paso, media acidez, calidez y frescura unidas de un modo extraño, taninos apaciguados, con rastro débil, mencionando una persistencia que me resulta insuficiente. No es un vino con carácter, ó al menos a mi no me lo ha parecido.
De una presunta condición femenina no surge esa pretendida sensualidad que distingue la excelencia de lo común. Retronasal que habla de confituras de fresas y grosellas, alguna ciruela roja dispersa, con pétalos de rosas rojas, guiño aquí y ahora de piel de naranja, jara y tomillo, muy huidiza menta, alguna resina y en la retirada especiados y tostados que devuelven la existencia de la madera durante su crianza. En todo caso, llega justo al final.
Lo califico en esta añada 2010 como aprobado justo.
Le falta una dosis de brillantez, le sobra inconsistencia.

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