lunes, 14 de noviembre de 2016

Bodegas Honorio Rubio Rivagrande Clarete 2015.




Un homenaje al fundador de la bodega que en el mes de Abril de 1987 embotelló el primer clarete de Cordovín del dominio vitivinícola con esta marca, sirvió para que mi esposa y yo pudieramos disfrutar durante unos minutos del Bilbao amable, ese que dista mucho de las levedades y que se acerca a la cálida barra de un bar. El clarete Rivagrande de Honorio Rubio en su edición de añada 2015 contempla la hermosa explosión frutal de la casta garnacha añadiendo la palpitante frescura de un aporte complementario de viura, esbozando un bello cromatismo rosa pálido y brillante, con reflejos ligeros cobrizos y piel de cebolla. Procedente de mostos de mezcla de uva blanca y tinta, con fermentado alcohólico incluyendo hollejos tintos, suave y bien equilibrado, sin contundencias arbitrarias ni escesos en el avance por boca.
Acompañado por tres pinchos en el establecimiento Cheesekito, situado en la calle Diputación de Bilbao, bechamel de jamón ibérico y queso, foie con brie, y rollo de chipirones, su cata dejó en la proximidad aromática sensaciones de frutos rojos en sazón, suave nostalgia cítrica, eje balsámico y algunos puntales de flores blancas y rojas que consolidan su ferviente fragancia.
Boca golosa, con buena acidez y una comunión entre cítricos y frutos rojos maduros que se prolonga y que eclosiona en el paladar, llenándolo de sapidez. Es fluido en sus modos y refresca con viveza y lozano ímpetu. Clarete de Cordovín, que en esta su edición de añada 2015 califico como muy recomendable, dejando en la retronasal memorias más amplias de fruta, cerezas y piel de naranja, algún guiño de fruta blanca con hueso, flores y balsámicos, cerrando con llegada y alcance.

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