domingo, 9 de octubre de 2016

Maldivinas La Movida Canalla 2013.





Hace tiempo catar muchos vinos y dedicar muchas horas a este mundo, a veces extraño, de la cultura del vino, para entender ciertas cosas. Y aún y con todo ello, siguen surgiendo vinos, botellas, instantes, que desconciertan y te sumen en la sensación de no saber muy bien los motivos por los que no llegas a entender lo que te expresa ese fascinante alimento líquido que te espera dentro de la copa. Me ha pasado con este respetado vino en donde la garnacha de la Sierra de Gredos pretender ser protagonista. Mea culpa, cuestión de las características concretas de la añada, ó ambas cosas. Lo cierto es que La Movida Canalla en su edición de vendimia 2013 me ha resultado, y vuelvo a insistir en lo del respeto, una máscara de carnaval para la garnacha, un baile en donde ni mi paciencia ni el tiempo exigible de aireación han resuelto el jeroglífico. Siento decirlo, pero hay en este vino un bloqueo, una punta de influencia de la madera que desvirtúa a mi juicio, lo que debe expresar una garnacha de la Sierra de Gredos, que acredite sin trémulos impulsos esa condición. No me ha gustado, no. Y lo digo desde el respeto, esperando comprensión por parte de sus padres espirituales, Guillermo Fernández y Carlos Arenas. 
Maldivinas nació en el año 2006 con localización en el término municipal de Cebreros, Ávila buscando vinos de parcela, en donde la tierra aporte una personalidad propia y un sentido al producto final. Cepas de más de sesenta años, situadas en la zona conocida como La Movida, en la carretera que une Cebreros y El Barraco. Suelos pizarrosos, rodeados de una amplia flora, con topografía en forma de ladera y pendientes pronunciadas.
La Movida Canalla en esta añada 2013 surge de métodos de agricultura ecológica, con selección de fruta en campo y bodega, despalillado al ochenta por ciento y estrujado parcial. Cinco jornadas de maceración prefermentativa que abre paso al fermentado alcohólico bajo control de temperatura, que tiene lugar en depósitos de mil litros de acero inoxidable. Bazuqueos suaves y nuevo macerado, esta vez durante nueve días. Maloláctica en barricas de madera de roble francés, donde durante quince meses se lleva a buen término un periodo de maduración. No se practican clarificados, ni filtrados y se estabiliza usando como único agente el frío invernal.
En copa parada describe un cromatismo rojo picota ligero, límpido, con reflejos rubídeos brillantes. La nariz envía iniciales notas cerradas, recuerdos de madera y tostados que se conjugan con cierta osadía, tapando los testigos procedentes de la fruta madre. Habida cuenta de ello, me dispongo a dejar copa y botella sobre la mesa, levántandome de la silla y abandonando la estancia. Regreso al de media hora. Si entiendo por vino cerrado, aquel que durante un tiempo limitado no desarrolla todas sus cualidades organolépticas, considero que la aireación puede resultar efectiva y ello me hace confiar en las posibilidades de La Movida Canalla 2013.
Pero hay veces que el que espera, desespera. Y en este caso y pese a aguardar más de dos horas, el cierre desarticula mis esperanzas. Insisto en que no veo defectos al vino, en que tal vez sea esta una añada difícil, y que lo único que puede achacarle es un excesivo peso de la madera que desvirtúa en mi opinión la condición de la garnacha, que se esconde con involuntaria timidez detrás de las influencias vinculadas al continente donde maduró. Vino apelmazado, en el que la garnacha, al menos en mi experiencia particular, no resulta bien parada.
No voy pues a entrar en más detalles, como lo suelo hacer en la práctica habitual de este blog. Tras una fase olfativa poco satisfactoria, la boca descubre una cierta fluidez, un punto de fruta no muy marcado, baja tanicidad, con algún destello de frescura y con un esbozo licoroso que tampoco me convence. Hay retornos de frutos rojos en la retronasal, pero de nuevo cierta tapa que no deja que la garnacha saque la cabeza. Me hubiera gustado contar otras cosas de este vino, por el aprecio que tengo hacia esa zona y esa bodega. Pero prefiero, como siempre, ser sincero y servir en alguna medida a la causa de la gente que trabaja la viña y la bodega con pasión, tal y como hacen Guillermo y Carlos, como me consta. Estoy seguro de que ellos entenderán que mis palabras no pretenden criticar por el simple hecho de hacerlo, sino de colaborar con mi humilde opinión en la pluralidad de visiones y opiniones que a buen seguro reciben en su devenir profesional.
Califico esta añada 2013 de La Movida Canalla, como decepcionante.
 

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