martes, 4 de octubre de 2016

Celler Vall Llach Aigua de Llum 2014.






Agradezco a todo el equipo profesional y humano de Celler Vall Llach su desinteresada colaboración con este espacio divulgador de la cultura del vino, mediando el envío de esta muestra de su Aigua de Llum, que en la edición de añada 2014 he podido catar y degustar en compañía de un buen amigo, apasionado bebedor más que probador. Quería conocer las impresiones de un consumidor, más allá de catas y testigos descriptores, sobre la personalidad de uno de los blancos del Priorat y probablemente del mercado español con más galones en cuanto a criterios expresivos de mineralidad, esa que algunos tanto mencionan, que otros denostan y que algunos como yo defendemos desde la más absoluta de las simplezas interpretativas. Suele decirse que un vino es más bueno cuanto más caro sea su precio. Personalmente discrepo de tal argumento, aunque también afirmo sin rubor que hay algunos vinos que de sobra justifican lo que valen. Y por ello también manifiesto que no por el hecho de que un vino sea caro hay que prejuzgarlo a la baja, como hacen algunos paisanos. Es el caso de este Aigua de Llum, que en su edición de cosecha 2014 personalmente me ha fascinado. Surge del proyecto del fundador de la bodega, Enric Costa, que plantó dos mil cepas de la casta viognier en uno de los rincones más emblemáticos y salvajes del dominio. Transcurridos seis años, las viñas de aspecto poco recio, dieron sus primeros frutos, hechizando al equipo técnico de Vall Llach, que quedó encandilado con aquellas uvas y su capacidad expresiva después del proceso de vinificado.
Justo cuando la bodega cumplía diez años, llegó Agua de Luz y con ella un merecido homenaje al poeta de Roda de Ter, Miquel Martí i Pol, fallecido en el año 2003 y cantado entre otros por Lluis Llach, copropietario de la bodega, María del Mar Bonet ó Teresa Rebull.
Ópera prima con la vendimia 2006, en una referencia que no se elabora de modo anual y que sólo se contempla cuando las características de la cosecha se consideran excepcionales.
En 2014 se reunieron las condiciones de calidad necesarias para ofrecer Aigua de Llum, vino que sólo está al alcance de coleccionistas y amigos de la bodega, a un grupo de privilegiados, entre los cuales me incluyo. Ochenta porcentual de la casta viognier, con un quince por ciento de garnacha blanca y el resto de macabeu, escanyabella y moscatel. Producción limitada a novecientas ochenta y seis botellas, comenzando su vinificado con una maceración prefermentativa en depósitos de acero inoxidable con control de temperatura. La mitad de la viognier fermenta en barricas de madera nueva de roble francés de trescientos litros, con la otra mitad realizando el mismo proceso en depósitos de acero inoxidable, al igual que el resto de los mostos procedentes de otras varietales blancas que conforman el alma del vino. La fermentación se desarrolla durante un periodo de entre veinticinco y sesenta días, con battonage diario de lías. Crianza en barricas de madera nueva de roble francés de trescientos litros para la viognier, y en barricas de igual condición pero de una capacidad de doscientos veinticinco litros, para el resto de las varietales. La maduración se prolonga durante cuatro meses.
En copa parada exhibe un cromatismo amarillo brillante y limpio, reflejos pajizos y dorados, con la nariz aventurando en la primera aproximación recuerdos cítricos suaves, como mecidos por una brisa de frutos secos tostados, infusión de té, flores, suaves notas pasteleras, secuencia de fragancia balsámica, apuntes silvestres y especiados dulces, férrico, sensaciones de galena y pedernal, incluso diría que atisbo un registro que calificaría como volcánico. Perfume emocionante, distinto y peculiar.
La boca se agranda, va de menos a más, y sin sugestiones de por medio, sí diría que refleja onirismo, como si por un momento y durante el avance el vino reflejara paisajes lunares, señas heurísticas, abstracción y síntesis. La fruta se regodea, orgullosa, amplia, con una buena acidez y una untuosidad de media alta intensidad, envolvente en la justa medida y equilibrado a la par. La madera no nubla la expresión de la fruta, declara una buena persistencia. Retronasal que habla de naranja, melocotón de viña, manzana y pera, limón, madreselva y té infusionado, panadería y almendra tostada, vainilla, anisados balsámicos, resinas, hierbas aromáticas, finalizando en esa nota de sugestiva y sabrosa mineralidad que incorpora roca húmeda, férricos estertores y guiños que vuelvo a definir como volcánicos.
Me ha encantado. Lo califico en esta añada 2014 entre muy recomendable y más que muy recomendable. No puedo terminar sin incluir el fragmento que del poema Solstici, obra de Martí i Pol, recoge la etiqueta, sobre el vidrio de la singular botella : Dia vindrá que algú beurà a mans plenes, l´aigua de llum que brolli de les pedres, d´aquest temps nou que ara esculpim nosaltres. 
Lo dicho, un gran vino en una estupenda edición de añada.

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