viernes, 28 de octubre de 2016

Bodegas Martínez Lacuesta Hinia 2011.




Vino catado durante una reciente visita al establecimiento Bar Benigno, localizado en pleno centro histórico del municipio de Haro. Uno de los pocos lugares de esta localidad en donde a día de hoy es posible beber vinos por copa bien mantenidos, sin caer al vacío por culpa de descorches antiguos en exceso ó malas conservaciones de temperatura. Y lo digo, porque es de justicia criticar lo criticable cuando sirve para rectificar. Ya va siendo hora de que en un lugar como Haro la hostelería en general se ponga las pilas y empiece a cuidar el servicio de vino como merece.
Hinia es un vino tinto de producción limitada que responde al buen hacer de una bodega histórica, Martínez Lacuesta, familia que desde tiempo inmemorial y generación a generación ha colocado buen número de ladrillos en la pared de lo que hoy significa la denominación de origen Rioja.
Más de cien años contemplan una evolución directa, sin concesiones a la duda, en donde campo y bodega se unen para lograr buenos frutos. Vino genérico, que debe su nombre al paraje en el que se emplazan las modernas instalaciones de la bodega, en las afueras de Haro y que se elabora con fruta de la casta tempranillo, procedente de parcelas seleccionadas dotadas de cepas con una edad media de más de cincuenta años, localizadas en Haro y Villalba de Rioja.
Proceso de vinificado que incluye fermentación alcohólica en tinas de roble francés de diez mil litros, con maloláctica posterior en barricas de madera nueva de idéntico origen. Trasegado y clarificación y posterior maduración en barricas de madera de roble francés y americano, tostados fuertes, durante un periodo de siete meses.
En copa parada muestra un cromatismo apicotado de notable intensidad y color, con reflejos púrpura, afirma en su proximidad aromática recuerdos de fruta negra y roja en sazón, con guiños licorosos suaves, balsámicos en el centro de la fragancia, con fondos tostados y especiados que se alinean para llevar el perfume a un epílogo que expresa nostalgias torrefactas. Buena complejidad que en una segunda cercanía olfativa añade algunas notas cercanas a frutos secos tostados.
La boca es golosa, firme y concentrada en los tonos de fruta, la tempranillo queda bien reflejada, escoltada de cerca por las influencias de la madera. Buena acidez, equilibrado y untuoso en el avance, con los taninos maduros y pulidos, tal vez una sabrosa astringencia bien integrada aporta a la expresividad del vino un empaque más jugoso y mayor viveza. Volumen e identidad, con la retronasal que habla de cerezas, ciruelas oscuras y moras, de nuevo esa afirmación de licorosidad, eje balsámico, regaliz, y en la retirada sensaciones que evocan almendra tostada, nuez moscada y granos de café. Vino de afirmación y seña identitaria.
Lo califico en esta añada 2011 como muy recomendable.

No hay comentarios:

Publicar un comentario