sábado, 8 de octubre de 2016

Aubert Vignobles Château Messile-Aubert 2010.




Saben mis lectores habituales que suelo guardar a buen recaudo y con garantías óptimas de conservación, algunas de las muestras que me son enviadas por las bodegas que deciden colaborar con este blog. Lo hago, como resulta obvio, para comprobar como evolucionan en botella con el paso del tiempo. Es el caso de este Château Messile-Aubert que en su edición de añada 2010 me fue enviada por los responsables del grupo propietario, Aubert Vignobles. Acogido a la apelación Montagne Saint-Emilion, es un vino tinto que se elabora con una conjunción varietal, base mayoritaria de merlot, con un cuarenta por ciento formado en clave paritaria por las dos cabernet.
Héloïse Aubert al frente de las labores enológicas. La fruta se vendimia en parcelas asentadas en suelos de composición arcillo calcárea, y en cepas que justifican una antiguedad media de treinta y cinco años.Tras la recogida manual de los racimos, se procede en bodega con un vinificado tradicional, que incluye fermentación alcohólica en pequeñas cubas de madera, maloláctica en barricas de madera nueva de roble francés y una maduración en idénticos continentes, que se extiende durante un periodo de entre dieciocho y veinte meses.
Catado durante el mes de Julio de 2016, en copa parada afirma un cromatismo apicotado de notable intensidad, con reflejos púrpura y grana, deja en la proximidad aromática nostalgias de fruta roja y negra en sazón, con motivos licorosos y balsámicos en segundo plano, hay una nostalgia frutal que me ha recordado a endrinas y que por momentos también abre una ventana de aires confitados.
Tostados en el final, con guiños torrefactos, y un punto breve pero bien marcado de tierra humedecida y roca. Boca en donde el vino se expresa con finura desde el primer instante, suave y con media alta nota de acidez, hay calidez pero también una estimulante frescura, así como un pretendido terciopelo, que aunque no llega al máximo nivel, sí deja cierta sensación de elegancia.
Taninos maduros y pulidos, no es un vino cuya virtud sea la intensidad, pero sí incorpora momentos durante la cata, en los que su suavidad y los retornos procedentes de la fruta resultan muy atractivos. Largo en las formas, buena clave de persistencia, con la merlot bien presente.
Retronasal que habla de cerezas, moras y endrinas, danza la licorosidad con la confitura, abriendo un recuerdo de regaliz, aquí algunas flores muy lejanas y alguna traza tostada. Finaliza con una mineralidad muy en clave de testigo terroso.
Lo califico en esta añada 2010 entre recomendable y muy recomendable.

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