viernes, 2 de septiembre de 2016

Gastronomía : La Maison Mayté Paté Basque.




Durante una reciente visita al magnífico rincón gastronómico donostiarra enclavado en pleno corazón del Viejo San Sebastián y bautizado por sus propietarios, Lorena Arteaga e Iker Uranga, respetando la tradición del pequeño comercio histórico, con el mismo nombre que ha lucido desde tiempo inmemorial, La Koxkera, donde el bacalao es santo y seña y casi religión; pude adquirir este suculento paté basque que la familia Mayté elabora con mimo en su obrador de la bella localidad francesa de los Pirineos Atlánticos, Saint-Jean-le-Vieux.
Uno de esos patés que da gusto untar en el pan, deslizando el plano cuchillo utilizado como nunca para estos menesteres sin escatimar empuje, con el despliegue de la muñeca y la mano surcando el aire. Pique-nique hogareño, como si el gran Edouard Manet hubiera decidido trasladar su Le Déjeuner sur l´herbe al interior de mi cocina. Elaborado con proporciones de gorge y foie de cerdo, sal, pimienta, cebolla y pimiento d´Espelette, afirma en su degustación un afinado tono campestre, rural, sabroso y ufano, capaz de trasladar al comensal la sabrosa untuosidad de un alimento porcino equilibrado en donde el contenido graso, lógico por otro lado, ocupa un espacio en el bocado aunque sin resultar percutor en exceso, localizando nuestros sentidos segundos cárnicos de placer, que se unen con una magnífica condimentación.
Con origen en la Edad Media, los patés franceses se documentan por vez primera en un viejo poema normando del siglo XIV llamado Gace de la Bigne, citándose también en el famoso Pantagruel, primer libro del autor literario humanista François Rabelais, que data del año 1532.
Es evidente que engalanar el paladar con elaboraciones como la presente siempre acompañándolas con una buena pieza de panadería y con una estupenda copa de vino, refleja con fiel exactitud los motivos existenciales por los que el ser humano es un animal capaz de gozar, al tiempo que se alimenta.
Ya lo saben, queridos lectores, si cualquiera de ustedes se apunta a la misión, no tienen más que pasar por La Koxkera, en el número treinta y cuatro de la calle Fermín Calbetón de la parte vieja donostiarra. Por un módico precio, tienen ustedes la fiesta gastronómica asegurada.




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