viernes, 19 de agosto de 2016

La Calavera Microcerveseria del Ripollés Batard Fruit.




Gozada encontrarse con referencias de microcervecerías que en tiempos pasados colaboraron con este blog mediante el envío desinteresado de muestras al objeto de mi cata y análisis personal. Es el caso de este elaborador de Ripoll, municipio que además cuento en mi ascendencia, ya que tanto mi abuela paterna como mi padre nacieron allí. Batard Fruit es una lambic style fruit, elaborada con perfil de alta fermentación y bajo nivel de amargor, incluyendo lúpulos willamette y mittlefruh. Se puede encasillar dentro de las belgian strong, incorporando el aliciente de un reposo en barricas de roble por un tiempo mínimo de seis meses, madera en donde maduraron vinos de uvas chardonnay y garnacha.
Comparece también la fruta con algunos esbozos de frambuesa.
Originarias del municipio belga de Leembek, de ahí procede su denominación, las lambic originales no tienen añadidos de levaduras, y son siempre las existentes en el ambiente de la zona donde se elaboran las que ejercen la función adecuada. Los lúpulos de estas cervezas suelen ser viejos y cumplen sólo una función antiséptica, ya que la labor aromatizante corresponde a diversas frutas. Los elaboradores de La Calavera usan, junto a los lúpulos ya mencionados, maltas de diversa tipología, destacando las de las categorías Viena, Pils, Pale Ale, Blat y Carapils.
¿Que decir de una cerveza que no he llegado a comprender?. Tal vez deba entonar el mea culpa, difícil, la catalogaría a título personal de experimental, peculiar en su aromática, bella en la estampa cromática y en su despliegue de espuma inicial, con cromática naranja marcada y suavemente tostada, eriza los conductos nasales con una profundidad que decreta algunas nostalgias fáciles de identificar y otras de esas que los catadores solemos catalogar de las tengo en la punta de la lengua. Hay fruta, pero cosas de la recreación fragante, la identifico más como naranja sanguina que como frambuesas, hay guiños de lúpulo aunque menores y sobre todo se editan evocaciones florales y silvestres, con especiados variados y alguna linea tostada huidiza. Incluso en algún momento he apuntado recuerdos de té infusionado, jara, cereal y gengibre. El avance por boca es lo que más me desconcierta, tal vez porque en algunos instantes la fruta cobra mayor protagonismo que la esencia cervecera como tal. Suave amargor con una traza ligera de frescura y un incondicional y final retorno maltoso que a mi juicio vuelve a esconderse, tímido, detrás de las frutas cítricas y rojas campeadoras.
Tal vez pudiera pedirle mayor protagonismo a su condición principal, que los gestos de lambic fruit sean divisados pero desde una distancia mayor.
En cualquier caso, siempre es de agradecer que pequeños elaboradores cerveceros emprendan aventuras de esta índole, defendiendo en el mercado referencias peculiares, plenas en originalidad, que aunque servidor cometa la osadía de catalogarlas de experimentales, significan siempre un chorro de aire fresco en el mercado.
Sin calificación, la complejidad efervescente y jovial de su aromática es todo un aliciente. Su presencia y desarrollo gustativo lo contemplo como un ejercicio personal de aprendizaje.

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