domingo, 14 de agosto de 2016

Bodegas López de Heredia Viña Bosconia 2004.



Siempre un placer acudir a la llamada espontánea del Barrio de la Estación de Haro, en este caso acompañando a un simpática pareja catalana, amigos de las redes sociales y ahora fuera de ellas, que están pasando unos días de merecidas vacaciones en la localidad jarrera.
Y también siempre un gusto atravesar el umbral de la acristalada puerta de entrada al winebar de López de Heredia para disfrutar durante unos minutos de alguno de sus vinos. No es casualidad que la edición de añada 2004 de Viña Bosconia fuera el vino seleccionado para agrandar más si cabe la admiración propia y de mis compañeros de caminata por el legendario Barrio de la Estación, hacia esta bodega que hace de la tradición y de un presente insigne, sus virtudes a vista de pájaro.
Otra cosa es bucear en sus calados, comprobar in situ la religión vinícola de esta familia y aproximarse al campo, donde los viñedos de López de Heredia siguen honrando la memoria de las diferentes generaciones que desde Don Rafael hasta la actualidad han capitaneado el devenir del dominio, sin duda orgullo de la denominación Rioja.
Vino que se elabora con fruta procedente de la finca El Bosque, propiedad de la bodega, y que es más que digno heredero del legendario Rioja Cepa Borgoña, vino bautizado de ese modo por el fundador, que lo elaboraba con una buena proporción de la casta pinot noir. Eran otros tiempos, y en el presente el Viña Bosconia está basado en una base varietal mayoritaria de tempranillo, con ajustes de garnacha, mazuelo y graciano, acreditando cinco años de maduración en barricas de madera de roble, con dos trasiegas manuales al año y un proceso de clarificado final antes de su embotellado.
En copa parada muestra un cromatismo apicotado con reflejos granatados e incipientes rubídeos, nariz que en la proximidad aromática recoge nostalgias de fruta roja madura y ligeramente confitada, con segundo plano en donde aparecen evocaciones torrefactas, algunos cueros tímidos aún, abriendo una brisa de complejidad que traduce especiados, comino y pimientas, tabaco, balsámicos y un guiño de ebanistería. Buen empaque de complejidad en el perfume, elegante y cercano para quienes gozamos con los vinos finos de Rioja.
Boca que abre con intensidad, buena racha de acidez, calidez en el avance, con un gesto licoroso que aparece bien integrado en el conjunto, taninos maduros y pulidos, el equilibrio entre fruta y madera se muestra con el orgullo propio de la maison, magnífica seña de persistencia.
La retronasal habla de recuerdos a ciruelas rojas y cerezas, seña de confitura, alguna licorosidad menor, con el despliegue de las influencias de la madera de roble en segunda instancia, bien alineadas acompañando a la fruta. Hay tostados cafeteros, algunos puntos de ebanistería, especiados, hoja de tabaco, balsámicos que redondean su expresión y una profusa sensación de sapidez llegando a un bien prolongado epílogo.
Lo califico en esta edición de añada 2004 como muy recomendable.
Irá ganando enteros mediando una guarda responsable en botella.
Para cerrar la entrada, incluyo esta imagen, a mi juicio uno de los rincones más emblemáticos de esta bodega riojana, tras de la que parece escucharse el susurro de la historia, en concordancia con el curso del río, junto al meandro. Fotografía prestada por mi buen amigo Karmel Andoni, que como tantos otros, también disfruta durante el verano visitando este templo vitivinícola.


No hay comentarios:

Publicar un comentario