sábado, 23 de julio de 2016

Rafael Palacios Louro do Bolo 2014




Edición de añada de uno de los grandes vinos blancos de Galicia, en concreto acogido a la denominación de origen Valdeorras, que pude catar ayer mismo en compañía de mi buen amigo Carlos, en un mano a mano disfrazado de almuerzo. Segunda etiqueta del enólogo Rafael Palacios, riojano en origen, que surge de una vendimia en cepas que acreditan una edad media de entre diecisiete y treinta y ocho años, localizadas a una altitud de seiscientos ochenta metros sobre el nivel del mar. Base varietal mayoritaria de la casta godello, con un pequeño aporte de uvas de treixadura, fruta que crece en bancales y laderas orientadas al sureste y al suroeste, suelos de componente arenoso grueso de origen granítico. Rendimiento de treinta y seis hectolitros por hectárea, con un proceso de vinificado que incluye una fermentación alcohólica en bocoyes de tres mil litros de roble francés, madera procedente de los bosques de Normandía. Maduración sobre lías finas que tiene lugar en idénticos continentes.
En copa parada exhibe un cromatismo amarillo pajizo brillante e intenso con ligeras insinuaciones doradas, nariz que envía nostalgias que en primer término y tras el descorche, motivan ahumados y especiados finos, con la fruta levantando su personalidad, evocando cítricos, manzana, pera y ciruelas claudia que empiezan a derivar en membrillo, buen tono balsámico en segunda instancia, guiño de almendra tostada y un punto de confitura aún no marcado en exceso. Es una gozada comprobar en vinos como este Louro do Bolo, como el paso del tiempo y una guarda responsable, afina y engrandece el contenido de una botella. El vino expresa y gana personalidad a medida que la cata avanza y la fruta se abre paso, lozana, fresca y sabrosa. De hecho una segunda copa amplia los testigos aromáticos, junto al despliege frutal, a los ahumados y especiados, a los balsámicos y los tostados, surgen descriptores más concretos, flores blancas y amarillas, resinas y boj, incluso punto débil de té verde. Marcada complejidad que se expresa de un modo delicado, lleno de sutileza, con la fruta siempre dirigiendo el guión.
Boca jugosa, frescura desde el inicio, la influencia de la madera acompaña a la fruta, pero lo hace siempre desde un segundo plano. Sabrosa traza de acidez, concepto graso en el avance, untuoso y envolvente, con una magnífica estructura. Alcance y llegada, pleno en su persistencia, con la retronasal insistiendo en cítricos en clave escarchada, manzana, pera y membrillo, atisbos pulposos, con las flores y los arbustos verdes en segundo plano, balsámicos y un gesto especiado, pimienta, que abre paso al final marcado por los tostados procedentes del roble francés y por una condición de sapidez llena de encanto.
Lo califico en esta añada 2014 entre muy recomendable y más que muy recomendable.
Inmenso.

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