viernes, 22 de julio de 2016

Bodega Marañones Picarana 2013.




A veces cuando recibo muestras suelo apartar alguna en un premeditado ejercicio personal de olvido, para comprobar meses más tarde como el vino va evolucionando en el interior de la botella. Algo así hice con este Picarana en su edición de cosecha 2013, que los responsables de Bodegas Marañones, con el enólogo Fernando García Alonso al frente, me enviaron de modo desinteresado junto al resto de sus etiquetas principales, que ya pude catar en el pasado, escribiendo sobre ellas en entradas precedentes de este blog. Monovarietal de la casta albillo, en el que confluyen uvas vendimiadas en diferentes parcelas propiedad del dominio, Peña Cruzada, Marañones Terraza, Marañones Cima y Dehesa, suelos diversos con granito rosa, esquistos degradados, arena y limo, granito meteorizado, diferentes altitudes sobre el nivel del mar, y fincas de corta extensión. Cultivo ecológico, con viñas que acreditan una antiguedad de entre treinta y setenta años, vendimia manual y con la llegada del fruto a bodega maceración prefermentativa en frío que se prolonga entre doce y veinte horas. Prensado neumático y desfangado natural, pasando con lías finas a la fermentación en barricas de madera de roble francés de quinientos y setecientos litros, de tostados medios y ligeros. Maduración en esos continentes durante diez meses.
Descorche inicial de una botella fría en exceso, el vino asoma en copa parada un cromatismo amarillo dorado y brillante, a medida que el vino se atempera comienza a expresar. Suavidad cítrica, con testigos frutales blancos maduros, dejando en segunda instancia un retorno ahumado ligero que deja paso a descriptores balsámicos y frutos secos tostados. Cuando el vino adquiere la temperatura idónea abre un paso a fragancia que recuerdan esencias silvestres, matorral, dando en los puntos de fruta un adorable perfume de confitura, ciruelas claudia y membrillo. En los balsámicos aparece una nostalgia de hinojo muy breve y un aire que me evoca el eucalipto.
Boca que arranca golosa y suave, con la fruta en primer término, la madera muy en segundo plano, diría que durante algunos instantes ni siquiera se nota, hay untuosidad, media nota glicérica, con volumen y envolvencia. Frescura en el despligue y cuando el vino alcanza el paladar, amable y con una evidente propia personalidad. Notable persistencia que abre camino a una retronasal en donde surgen recuerdos de confitura de limón, albaricoque y membrillo, esbozos silvestres y balsámicos, brisa ahumada y tostada que atrapa nostalgias de almendra, guiño láctico suave y en el epílogo un fondo que se me antoja mineral, pedernal.
Lo califico en esta añada 2013, catada el pasado viernes quince de Julio de 2016, como muy recomendable.

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