viernes, 3 de junio de 2016

Tenuta Col D´Orcia Olmaia Sant´Antimo 2012




Mi gratitud hacia los responsables de esta bodega italiana por su desinteresada colaboración con este espacio divulgador de la cultura del vino, mediante el envío de algunas muestras de sus principales referencias, algunas de las cuales ya han sido catadas y comentadas en este blog en fechas recientes. Hoy traigo para mis lectores habituales este monovarietal de la casta cabernet sauvignon que supone un homenaje de los actuales elaboradores de Tenuta Col D´Orcia al Conde Alberto Marone Cinzano, quien en los inicios de la década de los años ochenta plantó en las colinas de Montalcino, una partida de viñas de cabernet sauvignon. En el presente y con cepas que acreditan una antiguedad media de veinte años y que se localizan a una altitud de trescientos cincuenta metros sobre el nivel del mar, con exposición cardinal sur, suroeste, se presenta este vino tinto elaborado mediante una vendimia manual, seguida ya en bodega por una fermentación alcohólica en depósitos de acero inoxidable de cincuenta hectolitros, bajo control de temperatura. Veinte días de macerado con delestages y maloláctica en idénticos continentes, madurando después durante dieciocho meses en barricas de madera de roble francés de tostado medio, dejando una pequeña proporción, cercana al cinco por ciento, para la crianza en roble americano. Antes de su salida al mercado, el vino ya embotellado, se afina por un periodo adicional de ocho meses.
En copa parada afirma un cromatismo intenso y limpio, tonos apicotados con reflejos púrpura, nariz con mucha fuerza expresiva, manda recuerdos de fruta roja en sazón, ligera concesión a nostalgias de frutos negros, mantiene en segunda instancia un buen repertorio entre especiado y silvestre, ronda balsámica menos marcada, con detalles de flores rojas y maderas de cedro, olivas negras y un fondo en donde se alinean mentas suaves y regaliz.
Inmersión en boca que apunta un frente goloso y lleno de fruta, es curioso pero en su paso gustativo es la fruta negra quien parece imperar sobre la roja, tiene una traza de acidez bien delineada, que avanza marcando frescura y dejando paso a una mueca aterciopelada, aunque creo que es un vino de evolución y que podrá ganar muchos enteros a partir de un par de años más de guarda responsable en botella. Tal vez buscando una mayor finura. Taninos golosos y ligeramente marcados, hay una clave magnífica de persistencia y en la retronasal notas de fruta roja y negra en sazón, cerezas y moras, arándanos y ciruelas rojas, con recuerdos de vainilla y pimienta, de nuevo olivas negras y una senda más alejada pero presente, de matorral y tostados, madera de cedro y menta, susurros de cierta mineralidad. Un vino vibrante, de los que merecen reflexión, una copa y volver sobre otra, dignificarlo dejando que exprese, pulsando su ruta evolutiva desde el descorche hasta el paso de los segundos y minutos en el interior de la copa.
Se recrea con las frutas, aporta buen equilibrio del influyente roble, muestra empaque, alcance final y equilibrio. Tiene una envidiable estructura.
En su presente, esta añada 2012, merece un entre muy recomendable y más que muy recomendable.

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