jueves, 9 de junio de 2016

Dia de La Rioja



Contaba mi admirado Don Manuel Llano Gorostiza en su legendario Un vaso de bon vino, que Gonzalo de Berceo bebía los vinos que deambulaban por la Sierra de la Demanda en vasos de barro ó a lo sumo metal, porque en aquellos tiempos la cristalería era patrimonio casi exclusivo de reyes y cardenales. Yo prefiero creer que el insigne poeta riojano usaba vasos de barro manufacturados con tierras arcillo calcáreas de las fincas inmemoriales que han llegado a nuestros días con las lógicas variaciones que el tiempo aporta, esas que sin embargo no han logrado borrar la excelencia de la denominación de origen. Rioja es sinónimo de tiempo eterno, de esa eternidad que algunos podemos disfrutar cuando descorchamos una vieja añada y gozamos con un vino que más allá de testigos aromáticos terciarios y viveza conservada, expresa historia, tradición, recuerdos y nostalgias transmitidas de una generación a otra, y de esta última a la siguiente, para que la memoria no desaparezca. Uno que lleva en este mundo de Rioja, vino, gastronomía, cultura, folklore y romanticismo, literatura y uva, tierra y bodega, desde muchos años atrás, sabe que el día de La Rioja es todos los días. Uno tras de otro, los días de esta comunidad autónoma del norte de España, caen del calendario con la misma puntualidad que sus gentes madrugan para trabajar, laborar, manufacturar y elaborar, con la pasión compartida por transmitir a las gentes de otros orígenes, un modo de ser que guarda relación con la hospitalidad, con la franqueza, con el afán por compartir esos minutos sin los que la vida no tendría razón de ser. Si algo he aprendido de los riojanos, entre los que crecí desde que llegué a este mundo, es la calma, la visión con perspectiva de los problemas, la brusca sinceridad, la obsesión por no dejar para mañana lo que puedes hacer hoy y si hay que dejarlo por causa de fuerza mayor, la curiosa paciencia y la camaradería.
Es curioso pero cuando uno bucea en esta alargada región de los Siete Valles se da cuenta de que la vida tiene un ritmo, tiene una luz y un sonido, que nada tienen que ver con los que presiden otros parajes de nuestra geografía. Que la gente cuando llega a La Rioja busca ese ritmo, esa luz y ese sonido que los propios riojanos están dispuestos a compartir con los visitantes. La Rioja no sólo vende vino, conservas vegetales, aceite, setas y champiñones, zapatería y quesos, embutidos y hasta mobiliario, La Rioja vende paz, amistad, cercanía y compañía.
A La Rioja no le hacen falta demasiadas campañas de marketing. Porque La Rioja, más allá de romanticismos, incluso por encima de divisiones territoriales interesadas, es algo más que una excusa perfecta para saciar la sed con el vaso de barro de bon vino del genial Gonzalo de Berceo. La Rioja es un amigo callado, uno de esos amigos que no hablan más que cuando hace falta que lo hagan, un amigo geográfico, estacional, que avanza a la par del ciclo vegetativo de la vid y que va formando una historia en la que todos los que sentimos su aire, su luz y su sonido por nuestras venas, nos sentimos protagonistas. La Rioja nos quiere, La Rioja nunca se muestra obstinada, ni siquiera protesta, porque en este territorio de mil parcelas hay un afán por integrar, colaborar, sin pedir casi nada a cambio.
En un día como el de hoy, día de La Rioja, en este blog quiero agradecer de un modo sincero y con plena determinación, todo el cariño, apoyo y admiración que muchos riojanos de origen y nacimiento me transmiten día a día, con un simple buenos días, con una sonrisa matutina o vespertina, con un trabajo en equipo, con un tirar juntos del carro, que sin duda representan mucho para alguien que por circunstancias personales se vió obligado a cambiar su domicilio. La Rioja es para mí un jardín maravilloso, un lugar en el mundo que no cambiaría por ningún otro, un canto a la naturaleza que invito a todos a conocer y admirar.
No hay un solo rincón en esta tierra en donde lo inhóspito abunde, en donde una merienda campestre ó un paraje determinado no transmitan genialidad, cercanía, calma y relajación.
En el gran jardín de La Rioja, el tiempo es leyenda y la historia realidad.
Leyenda y realidad de Siete Valles que se reúnen para enamorar, en un hechizo singular que el roman paladino de Gonzalo de Berceo continúa recordándonos sin estridencias, con la misma naturalidad que un viticultor expresa en el viñedo ó el abrazo de quien te invita a compartir su almuerzo en la bodega. Esa naturalidad que hace grande a La Rioja.
Hoy y por siempre, Viva La Rioja.

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