miércoles, 15 de junio de 2016

Bodegas Basilio Izquierdo B de Basilio Blanco 2012 / En Primeur.


La cata de un vino sin etiquetar y sin haber alcanzado aún las rutas del mercado es siempre un privilegio. Si detrás del vino y la botella se encuentra alguien como Basilio Izquierdo el privilegio es también un lujo. La garnacha blanca por excelencia dentro de la denominación de origen Rioja responde a la personalidad de quién durante muchos años trabajó con excelencia en CVNE, sucesor de otro grande en la historia de Rioja, Ezequiel García. Dos maestros de la viticultura, a los que tal vez algún día se les pague en honores y reconocimiento como realmente merecen. Catar sus trabajos pretéritos en tiempo presente es un ejercicio de sibarita, un canto a la identidad de los vinos finos de Rioja, una muestra palpable de cómo envejecer los vinos de esta denominación de origen con crédito y éxito indudable.
El B de Basilio blanco en edición de añada 2012 se presentó ante mí con un precioso y brillante cromatismo amarillo pajizo intenso que gestiona reflejos dorados insinuantes y que en su primera proximidad olfativa envía recuerdos de fruta cítrica, con un guiño de fruta blanca con hueso y algunos detalles balsámicos frescos y longevos. A medida que la copa se agita y se templa un poco en el interior de la copa, se engrandece la complejidad expresiva, sirviendo a la causa de la introspección , sin rarezas ni excesos, pero con la franqueza varietal de una fruta sabrosa, tratada con el mimo de un hombre para quien el vino es algo más que un trabajo. Porque los testigos aromáticos avanzan hacia especiados dulces, lácticos y frutos secos, con la influencia de lías y maderas borgoñonas bien reflejada, aunque siempre dejando que la fruta marque la dirección principal. Hay sensaciones de mineralidad, filosilicatos, que con posterioridad de afianzarán en el paso por boca y en la vía retronasal. Tiene lucidez, mucha fruta, con esa conjunción de garnacha blanca y viura que tantas veces ha estudiado Basilio para gozo y disfrute de sus correligionarios.
No me olvido de citar su prensado de uva entera siguiendo el modelo champenoise, tampoco el meticuloso y puntual trabajo con lías, que Basilio procura durante seis meses, siempre de forma manual.
Boca que arranca con un gesto goloso y de acidez, que en ferviente unidad elevan la elegancia de un avance fresco y vibrante, con esos tonos de emoción que logran acreditar la excelencia, la distinción entre lo correcto y lo peculiarmente excepcional. Me encantan sus maneras, su cristalina palpitación y su racha de intensidad frutal, como si Basilio fuera alquimista por encima de elaborador de vinos. Si hay algo que me encandila en esta añada 2012 del B de Basilio blanco es ese punto imaginario que me plantea la estampa de una ventana recién abierta a través de la que van surgiendo sugerencias, imágenes, lienzos de museo, pero sobre todo fruta, pura y gentilmente afinada.
Untuosidad no glicérica aún, atisbos lejanos de esos descriptores lácticos que en otras añadas de este mismo vino, con más tiempo en botella, se convierten en mensajes que evocan mantequilla. Envolvencia suave, con una magnífica llegada y una sabrosa longitud.
Retronasal que abunda en nostalgias cítricas, limón, con melocotón de viña y ciruelas claudia en segunda instancia, anuncia membrillo, notas de vainilla, hinojo y ortiga blanca, detalles anisados ligeros, almendra y nuez, con el punto equilibrado láctico ya mencionado, sugiere pastel almendrado y un final que acredita evocaciones de mineral de talco.
Una añada que irá a más y que ya en su presente, Junio de 2016, merece la calificación de entre muy recomendable y más que muy recomendable.

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