lunes, 9 de mayo de 2016

Txakoli Zuri Itsas Etxarri 2015 en Taska Etxániz / Donosti




Perderse un sábado a la tarde por la donostiarra calle Fermín Calbetón, allá en la parte vieja de la Bella Easo, y encontrar uno de esos establecimientos que llevan muchos años agradando al viandante con creaciones culinarias que mantienen viva la esencia y que se mantienen ajenos a modas pasajeras, vendiendo sus pinchos a un solo precio y conjugado calidad y respeto a la identidad de la zona y del producto, créanme, no tiene precio.
Primer atractivo, a diferencia de otros locales de la ciudad, la mahonesa no monopoliza el paisaje de la barra, hay propuestas frías y calientes, pero sobre todo, lo que se imprime en la retina es una variedad con sentido, sin concesiones a la vulgaridad y la repetición.
Crucé bien acompañado el umbral de la puerta de entrada a Taska Etxániz con la sensación de reencontrarme con algo tan simple como la sinceridad, con la ofrenda de quién sabe que su local mantiene el rigor gastronómico más allá de escenificaciones excesivas y cantos de sirena.
Una magnífica tartaleta de puerros y jamón, algo en teoría tan simple y que sin embargo aportaba texturas, brisa dulce y salada, con una salsa mahonesa que hubiera firmado el mismísimo Marie Antoine Carême. El primer mordisco al pincho cruje y en esa situación ya se sabe que la tartaleta que tienes entre las manos no es un chiste.
Un recreo de mejillón, con el sabor franco de la carne del molusco, sin que salsas excesivas enmascaren la presencia real del contenido anunciado como protagonista.
Y un pincho de setas, estas abundantes sugeridas con lo que me pareció una bechamel y condecoradas con un saquito de pasta brick relleno con queso de cabra y verduras. Finura, cremosidad, con los tonos lácteos que se dejan abrazar por un beso en el que la micología, el punto caprino y la verdura aportan el protagonismo principal.
Para escoltar los manjares, un txakoli blanco en la edición de añada 2015, surgido del buen hacer de una bodega familiar de Getaria, Ameztoi. Itsas Etxarri, lúcido y refrescante, servicio en vaso, con el golpe típico de ruptura. Un txakolí de perfil comercial, hecho para el disfrute que mantuvo un tono correcto, equilibrado, sin excesos en complejidad y al tiempo muy sincero en la clave varietal de la Hondarribi Zuri.
Ese punto de manzana, testigo habitual de esta casta, esos balsámicos que adornan la descripción frutal, ese chispeante guión que enlaza nuestro paladar con la divertida lozanía de los txakolí zuri de toda la vida. Amable en la progresión por boca y paladar, rastro suave y buena prolongación, con equilibro de acidez y golosidad.
Desengrasa con la dulzura deseada, ayuda a ensalzar el sabor de los pinchos.
Lo califico en esta añada 2015 entre recomendable y muy recomendable. Un guiño a la felicidad, la misma que siente nuestro paladar cuando tras unos minutos de placer gastronómico, se sale por la puerta de la Taska Etxániz, camino de la calle.
Por relación calidad precio, por amabilidad en el servicio y además por el respeto a la esencia del pincho donostiarra, recomiendo este establecimiento a mis lectores.




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