viernes, 6 de mayo de 2016

Celler de Capçanes Mas Donís Negre 2015




La jovial estampa de un vino se mide a veces por su frecuencia de emocionar durante el proceso previo de cata, antes de su degustación. Cuando un vino te dice algo al catarlo, es inevitable después reservar unos minutos para beberlo, buscando su dimensión real, sus guiños y muecas antes de llegar al estómago. Catar un vino no siempre, mis queridos lectores, es un esnobismo ó peor aún, y como dicen y escriben por ahí algunos desahogados, una chorrada. Para quien lleva en este mundo de las catas y las redacciones ya unos cuantos años, empleando horas de su tiempo, les puedo asegurar que ni todos los vinos son iguales ni dicen lo mismo. Vinos como este Mas Donís Negre, en la edición de añada 2015, ofrecen un plus amable, puede que desde un perfil simple pero prolongadamente varietal y sincero. Setenta por ciento de la casta garnacha, con el treinta porcentual restante distribuido de modo paritario entre syrah, ull de llebre y merlot.
Fermentación alcohólica en depósitos bajo control de temperatura, con macerado de entre seis y ocho jornadas, maloláctica y vinificado independiente de cada varietal.
Maduración de cuatro meses en tanque y en el caso de la syrah, de entre tres y cuatro meses en barricas de madera de roble francés y americano.
Fruta procedente de parcelas asentadas en suelos de composición arcillosa y granítica y dispuestas en terrazas. Las viñas de garnacha acreditan una edad media de entre diez y veinticinco años.
En copa parada reúne tonos violáceos y malvas, con estética ligera y el redondeo cromático apicotado asomando en su cercanía aromática recuerdos de fresas de mata, frambuesas y cerezas, con algún tenue especiado dulce y una nota silvestre lozana y floral que carga la cata de la fragancia de señas muy vinculadas a la naturaleza, botánica y bosque, dejando en el epílogo un punto balsámico ligero, tímidos mentolados.
La boca abre con frescura y simpleza, dicho ello no en una acepción negativa, sino más bien todo lo contrario, porque de esa simpleza abre la puerta de la jovialidad, de la sutileza y de la franqueza varietal, uniendo identidad golosa de la garnacha, con profusión frutal y aires campestres, de jardín botánico, de huerto en primavera y de bosque mediterráneo. Suave en el paso, prende la llama de la sutileza en el argumentario de la cata, con la acidez bien señalada y prolongada. Frescor, con unos taninos maduros y finos, y una franca persistencia.
La retronasal habla de frutos rojos maduros, fresas, cerezas, endrinas y frambuesas, guiño de vainilla, y flores rojas y violetas en bouquet, y una sugerente explosión de naturaleza viva.
Fondo silvestre, muy mediterráneo, y nostalgias balsámicas en el cierre, mentolados breves.
Lo califico en esta añada 2015 entre muy recomendable y más que muy recomendable.

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