jueves, 21 de abril de 2016

Vinos La Zorra 8 Vírgenes Blanco 2014




Mi agradecimiento a Olga Martín López, Agustín Maillo y a todo su equipo profesional y humano por su desinteresada colaboración con este espacio divulgador de la cultura del vino, mediando el envío de varias muestras de sus referencias principales.
Otra bodega que repite en su confianza con este blog, lo cual me llena de indisimulada orgullo y me anima a seguir con esta labor, basada en la pasión por el vino pero también en un esfuerzo constante y tenaz, que desde la responsabilidad pretendo seguir manteniendo, a veces contra viento y marea.
Esa Sierra de Francia vitivinícola, para muchos aún una gran desconocida, ofrece proyectos como el de Vinos La Zorra basados en la recuperación de una zona de gran valor naturista en el que la viña ha sido desde hace mucho tiempo un referente de singularidad.
No en vano, este Ocho Vírgenes, está elaborado con una conjunción varietal de las castas Palomino fino, Rufete blanco y Moscatel de grano menudo, dando un punto de frescura y lozanía digno de aplauso, con una magnífica escena aromática, por cierto duradera y alzada en cuanto a equilibrio.
El enólogo Javier León y su equipo logran un vino blanco de la Sierra de Francia que plantea emotividad y nervio, una viveza que se recrea gracias a la sabrosa persistencia que sobresale durante el proceso de cata.
Vendimia manual, con prensado suave del fruto y desfangado estático, procediendo después al encubado iniciando la fermentación alcohólica en depósitos de acero inoxidable bajo control de temperatura. Maduración de cinco meses en barricas de madera de roble francés de tercer año.
En copa parada defiende un cromatismo amarillo pajizo brillante, dejando en su cercanía aromática recuerdos que van de menos a más en cuanto a complejidad como si el Parque Natural de las Batuecas quisiera sus minutos de gloria, reivindicando la personalidad de la biosfera. Y me explico : el inicio olfativo aparece simple pero va ganando intensidad a medida que el vino, que tras el descorche inicial se presentó frío en la copa, se templa.
Hay retazos que recuerdan de inicio a fruta cítrica y blanca, pero después y tras unos minutos, comienza una sugerente explosión herbal, balsámica y mineral que encandila. Guiños anisados de hinojo, y en correcta camaradería nostalgias que vinculo con brezo y pino, hierba fresca y después un punto elegante ahumado que deja espacio a pedernal, a tierra húmeda y a una insinuación que defino como paisaje natural, suelo y vegetación dándose la mano.
Creo que es uno de esos vinos en donde la madera, a Dios gracias, ha hecho su labor, para después pasar en el aroma casi desapercibida, a no ser por un sutil tono láctico menor.
La boca arranca gallarda, golosa y sabrosa, se siente la fruta, la traza de acidez planea en clave de media alta intensidad, con notas grasas y untuosas agradables y comedidas, envolvencia y despliegue de ese triángulo ya mencionado, balsámico, silvestre y mineral. Provoca la salivacion y las ganas de una segunda copa. Magnífica estructura, en la retronasal insiste en traer recuerdos muy similares a los demostrados en la vía olfativa, fruta, suelo y naturaleza.
Podría decir que es un vino dotado de condición, que logra llevar los sentiría del catador hasta una imagen en la pantalla de proyección mental, sin sugestiones, sin la pesada carga de complejidades excesivas, con dinamismo, incontestable franqueza y la virtud del equilibrio.
La madera hace el trabajo justo, la fruta se encarga del resto de un modo profundo.
Me ha encantado en esta añada 2014, que califico como más que muy recomendable.

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