lunes, 4 de abril de 2016

Pedro Peciña Vitivinicultor El Vino Pródigo La Viña de La Merce Crianza 2013




Mi agradecimiento a Pedro Peciña por su desinteresada colaboración con este espacio divulgador de la cultura vitivinícola, mediando la entrega en mano de algunas muestras de sus principales referencias. La Viña de La Merce es la segunda de las etiquetas que he podido catar y en esta entrada del blog me dispongo a compartir con mis lectores habituales las impresiones que he apuntado al respecto. Vino tinto crianza en edición de añada 2013, cosecha que por regla general tuvo su gran punto de dificultad en la geografía viticola de la denominación Rioja.
Lo he compartido con un grupo de buenos amigos catadores, algunos de ellos enólogos, y tras su pertinente cata, también con una suculenta ración de patatas a la riojana, elaboradas con su habitual esmero por mi buen amigo Juanjo.
La unión hace la fuerza y en este caso también la magia.
Monovarietal de la casta tempranillo que homenajea a la madre de Pedro, fallecida de modo prematuro y que nos habla de una viña que era propiedad de aquella mujer. Cepas de más de cuarenta años de edad localizadas a una altitud de quinientos metros sobre el nivel del mar, en zona sonserrana, para quienes amamos y conocemos un poco La Rioja, garantía de calidad. Dos hectáreas asentadas en suelos de composición arcillo calcárea con presencia de cascajos, una de esas viñas que empiezan prometiendo y sin duda terminan enamorando aún sin conocerla, por la fruta que aportan.
Tras la vendimia pertinente, despalillado y estrujado en lagar, fermentación alcohólica en depósitos de acero inoxidable durante un periodo de dieciséis días bajo control de temperatura y macerado con hollejos por un tiempo de dos jornadas. Maloláctica en mismo continente y posterior maduración en barricas de madera de roble americano tostado medio plus y tres envinados, proceso que se prolonga durante catorce meses. Dos trasiegas por el método de decantado, una al de tres meses de crianza y la segunda a los diez meses. Algún día hablaré de los trasegados en este blog y de la relevancia que tienen en un correcto y más que prometedor proceso de vinificado. Diez meses adicionales de afinado en botella antes de la salida del vino al mercado.
En copa parada exhibe un cromatismo apicotado lúcido, con reflejos púrpura y grana, intensidad y color, con la nariz dejando recuerdos plenos y orgullosos de fruta roja en sazón, determinante frescura, flores rojas y violetas, con un perímetro balsámico y que afirma tostados ligeros, además de una huella de fondo y final en la fragancia que me ha dado minerales evocaciones de terrosidad.
Boca golosa y con señas de muy buena extracción, si algo acredita este vino es una extraordinaria pureza, una franqueza digna de aplauso, con llegada y prolongación, sentido de amabilidad en el avance, frescura e identidad varietal. Es de esos vinos que llevan la estampa de la tempranillo prendida en el alma. Buena persistencia, taninos maduros, frescos y pulidos, con la retronasal versando sobre recuerdos de cerezas y arándanos, aquí una brisa de fruta negra aparece más marcada que en el perfume, con notas balsámicas equilibradas y sabrosas, flores y algunos tostados suaves que se despliegan en versión frutos secos, acabando en ese punto de mineralidad que nos recrea un paisaje de terruño justo después de una liviana tormenta estival.
Muy sabroso, muy en clave de fruta, muy tempranillo de Rioja.
Lo califico en su añada 2013 como más que muy recomendable.
Armonizado con las patatas con chorizo, un primor.


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