viernes, 15 de abril de 2016

Bodegas Ollauri Conde de los Andes Blanco 2013


Cata realizada durante mi visita a la Semana del Vino de Ollauri, en una mesa de las presentes en el salón en donde coincidí con tres personajes de la denominación Rioja, de esas que no hacen ruido y que sin embargo tienen su propio espacio de conocimiento e influencia. Primero el padre espiritual de los vinos que Conde de los Andes, en su renovada andadura, defiende en el mercado, el enólogo José María Ryan. En segundo lugar uno de esos hombres que se identifica por propio derecho y trabajo con Ollauri y con Rioja, Víctor Leiva. Y en tercero con una mujer que lleva con orgullo el blasón de esta localidad riojalteña por donde quiera que va y que en el presente, ejerce las funciones de relaciones públicas de esta bodega representante singular de la historia de la denominación de origen de la tierra de los Siete Valles.
Versé en algunas entradas anteriores sobre mis impresiones al respecto del vino tinto de esta misma bodega y en la presente traigo al blog mi crónica de cata de la edición de añada 2013 del vino blanco, elaborado de modo monovarietal con uvas de la varietal viura, fruta procedente de cepas que acreditan una edad media de treinta años y que se encuentran localizados en Haro, Ollauri y Briñas. Suelos de composición arcillo calcárea con un clima mediterráneo con influencia atlántica.
Tras la vendimia y con el fruto ya en bodega se inicia una fermentación sobre lías de tres meses, desarrollada en barricas de madera nueva de roble francés. Removido de lías con regularidad semanal y tras finalizar el fermentado, maduración durante un periodo de seis meses en idéntico continente.
En copa parada afirma un cromatismo amarillo pajizo brillante con reflejos dorados, nariz con buena expresividad varietal, cítricos ligeramente confitados con un sello que evoca ciruelas claudia y membrillo, tiene una segunda instancia en donde valoro flores blancas y amarillas, prolonga con balsámicos y tostados, fina sensación de frutos secos y eso que yo denomino boudoir y que evoca tocador femenino, con alguna percepción botánica y silvestre.
La boca amanece con golosos guiños frutales, buena estampa de acidez, con la untuosidad procedente de la influencia de las lías bien delineada, con un lecho cremoso, mantequillas y una fervorosa nota que me deja huellas que evocan almendras tostadas.
Me fascina en este vino la magnífica estructura que demuestra, con un golpe de nervio, con una frescura que se combina con un graso punto en el avance, envolvencia sabrosa, muy franca persistencia. Tiene corazón de Rioja, y a la vez un firme sentido borgoñón.
La viura queda enlazada con la seña de la madera usada durante la crianza, con un inapelable y elegante equilibrio.
Retronasal que insiste en la complejidad de los descriptores aromáticos, con recuerdos de limón y pomelo, ciruelas claudia, membrillo, flores blancas y amarillas, camomila, resinas y punto tostado asimilado con almendras, vainilla y lácticos, nostalgias de mantequilla, acabando con un guiño silvestre y una lanza de sapidez. Elegancia y orgullo de Rioja.
Lo califico en esta añada 2013 como más que muy recomendable.
Vinazo, señores.

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