domingo, 3 de abril de 2016

Bodegas Bilbainas Viña Pomal Vinos Singulares Garnacha 2010




El vino y la amistad, dos elementos muy relacionados entre si que imprimen sentido socializador al ser humano a través de una reunión de buenos amigos en torno a una mesa presidida por la sombra de  una botella de buen vino. Viene esto que digo a cuento por el origen de la referencia que incluyo hoy en mi blog, generosa aportación de Juan Nales, amigo, chef y estupenda persona.
Quiso mi tocayo que catara y escribiera mi opinión personal sobre este monovarietal de la casta garnacha, que Bodegas Bilbainas defiende en el mercado. Y ha llegado el día.
Elaborado con una selección frutal en viñas viejas y situadas en zonas de altura de Rioja Baja y Rioja Alavesa, asentadas en suelos de composición caliza mayoritaria.
En su proceso de vinificado, tras la vendimia, hay espacio para un cincuenta por ciento de fermentación con lías en barricas de madera de roble francés y la otra mitad crianza en madera de roble americano de un año, durante diez meses.
Primera pista, no hay madera nueva en su maduración.
Segunda, la fruta escogida en viñas asentadas en zonas altas acredita en el caso de la garnacha una condición de sabor y frescura, calidad a fin y al cabo, que la convierte en excepcional.
En su cromatismo a copa parada hay notas apicotadas de buena intensidad con reflejos grana, desliza en nariz recuerdos de fruta roja y negra en sazón, con una segunda instancia dominada por motivos que evocan especiados, torrefactos y balsámicos. Un fondo láctico muy suave ejercita el rol de fondo de fragancia, dando más elegancia al perfume y haciendo la cobertura de una fruta insinuante, lozana y divertida.
Boca que arranca golosa, señas de mermelada de fruta en el avance y la posterior retronasal, camina con gallarda disposición, amable y dotado de muy buena expresividad, taninos maduros y pulidos, el guiño de esas uvas de la garnacha riojana enamora y lo hace sin grandes alharacas, con franqueza y equilibrio. Magnífica persistencia, con la retronasal marcada por evocaciones de moras, cerezas y frambuesas, punto de vainilla y algunos pétalos florales violetas, asoman memorias silvestres en menor medida, y el perímetro balsámico, regaliz, se une con un retorno que definiría como mineral y que describe mina de lapicero. Lácticos sabrosos, torrefactos y un final en donde la sapidez se despliega con intención, aportando longitud a la cata.
Lo califico en esta añada 2010 entre muy recomendable y más que muy recomendable.


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